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¿Qué es el duelo?

El duelo es la reacción normal después de la muerte de un ser querido.
Supone un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva situación. Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.
La intensidad y duración del duelo depende de muchos factores: tipo de muerte (esperada o repentina, apacible o violenta…), de la intensidad de la unión con el fallecido, de las características de la relación con la persona perdida (dependencia, conflictos, ambivalencia…), de la edad…
La duración del duelo por la muerte de una persona muy querida puede durar entre 1 y 3 años.

Duelo resuelto. Podemos decir que hemos completado un duelo cuando somos capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin él o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los vivos.

No existe un tiempo fijo para vivir el duelo. Cada cual necesitará su tiempo. Y sólo nosotros podemos marcar
el tiempo que necesita nuestro ser para poder considerarse recuperado. Todo ello a pesar de que muchas veces
nuestros familiares y amigos nos apremian, quisieran vernos en la normalidad ¡ya!, tal vez porque así ellos
tampoco sufrirán tanto… Pero sólo cada uno de nosotros sabe lo que necesita.

Integrar el duelo es todo un proceso que tiene como intención reconocer el dolor que nos produce la pérdida.
Aceptar que nos duele, aceptar las ausencias, aceptar que ha muerto, manifestar el dolor e iniciar el camino de regreso a la realidad y a nuestro propio orden de las cosas. Reacomodar todos aquellos asuntos que quedaron dispersos, resolver pendientes, retomar arraigo, llenando nuevamente los espacios. Recordando lo vivido con esa persona, recordarlo dentro de nuestra existencia tal como fue mientras vivía, aceptando que ha muerto. Nos queda el tenerlo presente, en nuestro corazón, no lo que fue, sino lo que nos hizo ser, hijo, hermana, padre, esposo, amiga…

Etapas del duelo:

1) Negociación: la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite
recobrarse. Es una defensa provisoria y pronto será sustituida por una aceptación parcial: “no podemos mirar al sol todo el tiempo”.

2) Ira:  la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase
difícil de afrontar para los padres y todos los que los rodean; esto se debe a que la ira se desplaza en todas direcciones, aún injustamente. Suelen quejarse por todo; todo les viene mal y es criticable. Luego pueden responder con dolor y lágrimas, culpa o vergüenza. La familia y quienes los rodean no deben tomar esta ira como algo personal para no reaccionar en consecuencia con más ira, lo que fomentará la conducta hostil del doliente.

3) Negociación: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, mas el enojo con la gente y con Dios, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.

4) Depresión: cuando no se puede seguir negando la persona se debilita, adelgaza, aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado, en general, temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad en el que es contraproducente intentar animar al doliente y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo: esto es, a menudo, una expresión de las propias necesidades, que son ajenas al doliente. Esto significaría que no debería pensar en su duelo y sería absurdo decirle que no esté triste. Si se le permite expresar su dolor, le será más fácil la aceptación final y estará agradecido de que se lo acepte sin decirle constantemente que no esté triste. Es una etapa en la que se necesita mucha comunicación verbal, se tiene mucho para compartir. Tal vez se transmite más acariciando la mano o simplemente permaneciendo en silencio a su lado. Son momentos en los que la excesiva intervención de los que lo rodean para animarlo, le dificultarán su proceso de duelo. Una de las cosas que causan mayor turbación en los padres es la discrepancia entre sus deseos y disposición y lo que esperan de ellos quienes los rodean.

5) Aceptación: quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, la bronca por la pérdida del hijo y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. No hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz: en un principio está casi desprovista de sentimientos. Comienza a sentirse una cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, no se tiene tanta necesidad de hablar del propio dolor…

…la vida se va imponiendo.

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Lo primordial para no decepcionarnos es valorar a las personas en su justa dimensión y no crearnos falsas esperanzas.

Generalmente interactuamos con objetos o con los demás en base a nuestras creencias, imágenes y representaciones que tenemos de las cosas y las personas, sin que necesariamente nuestra percepción sea la realidad. Muchas veces visualizamos a otros como los imaginamos o suponemos que son, bien sea por engaño de ellos, de nuestros sentidos o de falsas impresiones.

La decepción se presenta cuando le adjudicamos a una cosa, situación o persona atributos que no tiene y “descubrimos” que no los posee.

Entonces, podemos desilusionarnos, desencantarnos, frustrarnos, contrariarnos, ponernos bravos o caer en despecho, desesperanza, tristeza, amargura, desánimo o depresión, por el fiasco que tuvimos.

Aunque las decepciones, la mayoría de veces, dependen de la forma como nosotros mismos percibimos, sin duda que también las provocan los engaños, sobre todo cuando alguna persona falta a la verdad en lo que nos dice, hace o pretende retraerse de lo pactado o que deshaga algo.

En el campo del amor, siempre la pareja despierta sentimientos, ilusiones, esperanzas especialmente atractivas, e imágenes-objetivos hacia el futuro. Se quiere ser feliz, tener un hogar, hijos y éxito profesional conjunto, entre tantas cosas. Cuando estas representaciones mentales no se logran, surgen decepciones de vida. En innumerables casos, las parejas cuando se enamoran se ven mutuamente a través del prisma del amor. Esto distorsiona la realidad. Así se pueden minimizar o ignorar defectos personales e incrementar o distinguir virtudes inexistentes. Luego, ya cónyuges, se descubren tal y cual son y sobreviene el desengaño, la decepción. De la ilusión pasamos a la desilusión. Se sale del engaño o del error de apreciación en que se estaba.

En otras ocasiones la publicidad engañosa, la propaganda política o la sobreventa de una idea o producto nos lleva a crear expectativas personales en torno a algo o alguien que al no darnos o proveernos lo esperado nos decepciona.

No todas las frustraciones son conscientes; muchas de ellas, especialmente las que tuvieron lugar en la infancia, son reprimidas y permanecen inconscientes. Cuando estas frustraciones implican una intensa descarga emocional pueden convertirse en causa de neurosis, o por lo menos en factor desencadenante de la misma. Cuando la frustración se plantea en el plano consciente normalmente es aceptada y no constituye un elemento distorsionante de la personalidad. El Psicoanálisis ha acentuado la importancia de las frustraciones debidas a la temática planteadas por el complejo de Edipo.

Una frustración crea un estado vivencial de fijación a la situación frustrante. La persona frustrada será sumamente sensible a todo planteamiento que la recuerde su frustración; sentirá angustia al ponerse en las mismas circunstanciasen las cuales fracasó y pensará ver repetida por doquier la misma situación frustrante, lo cual la conducirá, en último término, a llevar una existencia introvertida y poco arriesgada, con objeto de no repetir la misma vivencia decepcionante.

Lo primordial para no ser decepcionados permanentemente, es intentar ser lo más objetivos que podamos, no crearnos falsas esperanzas, evaluar las situaciones evitando juicios emocionales, y valorar y apreciar a las personas en su justa dimensión.

La otra cuestión que se nos presenta es que seamos nosotros mismos quien decepciona a un tercero y este nos dice: “¡Me has decepcionado!”. Lo cual suele provenir de un ser querido, padre, hermano, pareja o hijo, y nos llena de dolor y angustia. Para prevenir que esto ocurra nunca mintamos, no aparentemos ser lo que no somos, seamos auténticos y mostremos nuestras virtudes así como los defectos. En caso de haber cometido ese error, empecemos por un sincero “¡Lo siento!”.

Aunque del perdón y el perdonar hablaré otro día. Hace falta.

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Superar una ruptura

Hoy no iba a hablar sobre este tema, pero prometí a una persona muy especial en mi vida hacerlo, y dedicarlo. Así que aquí está. Espero que os ayude.

Cuando la persona que se siente abandonada interpreta la ruptura como una muestra de rechazo brusco y cruel por parte del miembro de la pareja que ha decidido dejarle, puede vivir esta situación con intenso dolor. Las personas rechazadas suelen pasar por un periodo de duelo con numerosos síntomas depresivos: falta de ilusión por los temas cotidianos, tristeza, melancolía, insomnio, inapetencia, pensamientos negativos y recurrentes. Pueden sentir que el mundo se les viene encima.

Este tormento provoca la añoranza de otros tiempos en los que la vida era más fácil, y en algunos casos se tiende a pensar que el compañero regresará algún día, incluso años después de vivir en solitario. También se piensa que si la otra persona no regresa, nadie podrá llenar el vacío y ya nunca podrá encontrarse el amor.

¿Cómo superar un abandono? La aceptación

¿Cómo se puede superar el dolor? ¿Cómo aprender a vivir de nuevo? ¿Cómo empezar a ver el estado de soltero como una nueva y divertida oportunidad, en vez de un castigo? ¿Cómo dejar de sentir que se es incapaz de ser amado y querido, y que el destino sólo depara una vida de soledad, tristeza y mala suerte?

El primer paso hacia un futuro nuevo y positivo pasa por aceptar definitivamente que la persona amada se ha ido y ya no volverá. Esto significa enfrentarse a la pena y nos permitirá llorar por la pérdida de sueños y esperanzas.

Lo más importante que debe recordar en este punto es que lo superará. Al principio parece imposible, pero toda persona puede reponerse de una situación como ésta.

Es muy importante apoyarse en sus amigos y hablar sobre su antigua pareja hasta que no le quede nada por decir. Sabrá que se está recuperando cuando se dé cuenta de que usted mismo está aburrido del tema. Hablar es una de las claves para sentirse mejor. Cuando hablamos sobre nuestro dolor, éste cesa gradualmente de tener poder sobre nosotros y poco a poco nos recuperamos.

Aprendiendo a superar el abandono.

Después de la aceptación llega el proceso de aprendizaje, que le dirigirá hacia una vida nueva y mejor. Aquí tiene cinco puntos para ayudarle. Cada punto empieza con una letra de la palabra PIANO (que además de ser un instrumento, significa suave); así es fácil de recordar.

  • P de pasado: haga una lista de todas las cosas que no le gustaban de su antiguo compañero. Puede empezar siendo pequeña, pero si la cuelga de manera que la vea cada día, le sorprenderá ver cómo crece. Escríbalo todo y empiece a darse cuenta de que quizá, después de todo, la relación rota no era tan maravillosa. Todo ello pertenece al pasado, y usted vive ahora, y para el futuro.
  • I de ilusión:tenga esperanza e ilusión en el futuro. Cuando una relación finaliza, tendemos a pensar que nunca nos volverán a amar. Evidentemente es una tontería. La realidad es que hay muchas posibilidades de volver a ser amado, aunque no por la antigua pareja, lógicamente: nunca volverá a compartir lo que tenía en esa relación, pero puede tener otros sentimientos igual de importantes con otra persona.
  • A de apreciación: apreciación por usted mismo. Necesita mirarse al espejo y fijarse en lo mejor de usted y felicitarse por ello. Hágalo frecuentemente. Otra tarea útil es escribir una lista de aspectos que le gusten de usted. Puede llevar algún tiempo hacerlo, pero es un ejercicio que recompensa. Cuando nos abandonan tendemos a echarnos la culpa a nosotros mismos. Nos sentimos culpables de no haber sido más divertidos, o mejores en las relaciones sexuales. No se centre en pensamientos destructivos y, sólo para cambiar, permítase sentir su propia bondad. Recuerde los momentos en que ha ayudado a alguien, o ha sido amable con un extraño, o se ha tomado alguna molestia por un vecino. Aprenda a aceptar y valorar su propia amabilidad, belleza y talento, porque esto le ayudará a curar la herida.
  • N de nueva vida: desgraciadamente, cuando se ha sido la mitad de una pareja durante un tiempo, muchos de los amigos lo serán también de su antiguo compañero; esto puede generarle problemas de relación con ellos. Incluso si tiene muchos amigos, es un momento en el que puede plantearse un nuevo círculo de compañeros de ambos sexos. Puede empezar a realizar actividades sociales, de tipo deportivo, cultural, que le permitan ensanchar las posibilidades de conocer gente y de desarrollar aficiones.
  • O de olvido: es una de las letras más importante de estas siglas. Corresponde a olvidar completamente a su antigua pareja y no volver a practicar el sexo con él/ella. A menudo, cuando ya han estado separados unos meses, su antiguo compañero puede llegar a la conclusión repentina de que no todo es tan bonito fuera de la relación. O quizá piensa que usted está poniendo su vida en orden y siente celos de que ahora pueda encontrar a otra persona. Quizá sólo le apetezca un abrazo rápido en recuerdo de los viejos tiempos.

El problema es que el sexo y la intimidad pueden hacer que se sienta amado y querido temporalmente, pero le dejarán con más tristeza y confusión después. No lo haga. Si la otra persona le ruega que vuelva para intentarlo de nuevo, puede tomar una decisión más adelante sobre si quiere o no, pero nunca llegue al sexo antes. De todos modos, es probable que con todo el sufrimiento que ha pasado y el esfuerzo realizado para rehacerse, su ex-compañero sea la última persona con quien quiera estar.

¿Y si el dolor es excesivo o muy duradero?

Si el dolor que sufre, o los síntomas depresivos que manifiesta son muy fuertes, no ve salida por sus propios esfuerzos y su vida se está viendo seriamente afectada, es necesario que recurra a un profesional de la psicología. No es algo extraordinario. La ruptura de la pareja puede causar en uno de los miembros una situación paralizante y dolorosa excesiva, para la cual existen diferentes terapias psicológicas.

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