Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 28 mayo 2015

Querido futuro amor:

Me gustaría que, antes de que llegaras, si llegas, entendieras que no necesito que llegues. Así, tal cual.

Me gustaría que entendieras que sin ti estaré bien. Sin ti ya soy feliz. Sólo que, contigo, estaré un poquito mejor.

No esperes que ponga mi felicidad en tus manos. No tienes ese poder. Tengo yo esa responsabilidad.

Me gustaría que entendieras que, como a todos, me han roto el corazón. No te equivoques, no espero que lo arregles, ni que lo cures. No está enfermo, solo roto.

Necesito que entiendas que estoy cómodo con mi roto corazón, con sus grietas, sus hilos, su pegamento ya seco… Hace mucho tiempo que aprendí a aceptarlo así. Así que si esperas encontrar un corazón perfecto, te equivocas de lugar.

Si buscas a alguien perfecto te equivocas de persona ¿Y sabes qué? ¡Estoy encantado!

Me gustaría que entendieras que soy libre e independiente, y si vas a aparecer, eso no va a cambiar, no esperes que así sea.

Si pongo mi corazón en tus manos, me lo llevaré cuando crea conveniente. No será tuyo, no firmo ningún contrato para darte esa pertenencia. No poseerás mi corazón, nunca.

Me gustaría que entendieras que, como ya te he dicho, aprendí a aceptar ese corazón roto, pero quedan miedos. Deberás respetarlos y aceptarlos. Te tendré miedo, entraré en pánico, y necesitaré tiempo para dejar de tenerlo.

Te iría bien saber que soy desordenado. Ese dicho de “En mi desorden encuentro todo”, no va conmigo. Nada. A veces no sé ni dónde estoy yo.

Porque esa es otra, querido futuro amor, muchas veces me pierdo, me desoriento. Por favor, no espero que me busques ni me orientes, puedo hacerlo solito. Simplemente ten paciencia, apóyame, y acompáñame.

Necesitarás saber que mis amigos son sagrados. No espero que les quieras ni que te gusten, simplemente que les respetes. Siempre.

Tengo un carácter muy fuerte, como buen vasco, pero no te preocupes, se me pasa con dos tonterías. Eso es algo que también deberás aceptar.

Deberás saber que he aprendido a quererme, valorarme y respetarme, en todo y cada uno de mis ámbitos y facetas. Si tú no lo haces, te perdonaré, pero te ayudaré a hacer las maletas para salir rápidamente de mi vida.

Deberás saber que,  a pesar de que en el momento del enamoramiento me verás el hombre más guapo de la tierra, el más atractivo, o incluso el más inteligente, ese efecto de magia pasará, dejarás de verme así. A mí me pasará lo mismo contigo. Debes saber que, si te quiero, te seguiré queriendo y respetando tanto o más que el primer día.

Espero que entiendas que el tiempo pasa, y el cuerpo cambia.

Que hoy estoy arriba, y mañana estaré abajo.

Que soy humano y perderé los nervios.

Y aún ahí, deberás aceptarme.

Deberás saber que te querré con tanta lealtad y respeto, que serás más importante para mí que el mismo abecedario, con sus acentos, y sus mayúsculas. Pero te odiaré, me enfadaré, y te criticaré. Recuerda que aún ahí te estaré queriendo.

Recuerda que me encantará vivir mis días contigo, pero también podré vivir sin ti.

Recuerda que estaré comprometido contigo, pero tendré una vida fuera de ese compromiso.

Recuerda que te daré todo el tiempo del mundo, sin descontar tiempo a otras personas.

Recuerda que tendré mis propias opiniones, aunque no sean las que tú esperas escuchar.

Recuerda que el amor es un acto de entrega, no de recibir.

Deberás saber, además, muchas otras cosas, como mi gusto por viajar, conocer, leer, los animales, la buena música, mi mal perder, a veces hago trampas jugando al parchís, me gustan las series, hacer deporte, acostarme a las tantas… Pero eso, querido amor, ya lo iremos hablando con una copita de vino.

O dos.

Anuncios

Read Full Post »

Amos y esclavos

  • ¡Vamos, levántate! ¡Es tarde!
  • ¿Ya? ¡Pero si parece que acabo de cerrar los ojos!
  • ¡Pues ya es hora! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Arriba pequeño!
  • Está bien, está bien… ¡qué prisas!
  • Escúchame, hoy vas a tener una actitud nerviosa y rebelde.
  • ¡Está bien!
  • Quiero que todo lo hagas mal, que nada salga correctamente. Que se te caiga todo, que olvides las cosas en casa…
  • ¡Vale! ¿Alguna pelea?
  • No, eso lo dejaremos para otro día. Hoy quiero que pases el día inquieto, con ganas de dejar todo a medias. Ya sabes, todo rápido y mal.
  • Ya te entiendo. Está bien.

Y así fue.

Su último pensamiento antes de volver a dormirse fue “No valgo para nada”.

  • ¡Arriba pequeño! ¡Tenemos trabajo que hacer!
  • ¿Ya? ¡Pero si sigo agotado de ayer!
  • Por eso mismo, nos viene de perlas… Hoy te vas a mostrar malhumorado con todo el mundo. Todo te parecerá mal, a todo tendrás una mala respuesta. Todo te parecerá injusto. Todos te harán sentir incomprendido.
  • ¡Vale!
  • ¡Y quiero peleas!
  • ¿Con todos?
  • ¡Con todos con los que hables más de cinco minutos!

Y así fue.

Su último pensamiento antes de volver a dormirse fue “La gente no me entiende”.

  • ¡Arriba! ¡Arriba!
  • ¡Qué gritos! ¿Qué pasa?
  • Que hoy estoy de muy buen humor…
  • ¿En serio? ¡Por fin! ¿Podré ser amable?
  • Sí. Hoy te vas a mostrar tranquilo, comprensivo, cariñoso y cercano.
  • ¿Con todos?
  • ¡Con todos con los que hables más de dos minutos!

Y así fue.

Su último pensamiento antes de volver a dormirse fue “Soy feliz”.

  • Buenos días… ¿estás despierto?
  • Sí ¿estás bien?
  • Hoy quiero que te sientas solo. Sin amigos. Nadie te comprende, nadie te quiere, a nadie le importas, nunca encontrarás pareja, y tus amigos se olvidarán de ti…
  • ¡Pero eso es muy triste!
  • ¡Así es la vida! ¿Has entendido lo que quiero?
  • Sí, claro que sí, pero ayer fui tan feliz…
  • ¡Olvida eso! ¡Manos a la obra, el tiempo es oro!
  • Está bien…

Y así fue.

Su último pensamiento antes de volver a dormirse fue “Estoy solo, y siempre lo estaré”.

Visto desde fuera parece obvio que estamos ante una relación tóxica, casi de amo y esclavo. Está claro que uno de ellos merece ser rescatado, mimado y cuidado; mientras que el otro merece ser, cuanto menos, denunciado.

Pero ¿qué pensaríais si os digo que esas dos personas que conversan cada mañana son, en realidad, una misma persona? ¿Y si os dijera que, en realidad, sois vosotros?

Eres tú.

Soy yo.

Es nuestro jefe, nuestro compañero de trabajo, nuestra pareja, nuestro familiar, nuestro vecino…

Ese pequeño que cada mañana recibe órdenes sobre cómo debe desarrollar su conducta, no es más que nuestro cerebro. Mientras que ese ogro, satírico, burlón y tirano, no es más que el conjunto de mensajes que nos decimos. Cada día. Cuando suena el despertador, cuando no contestan un mensaje, cuando metemos la pata, cuando no nos aceptamos ni queremos…

Nuestro cerebro tiende a desarrollar una manera de interpretar las cosas tal y como nosotros las vemos, tal y como nosotros le decimos que es.

Tú decides qué dos opciones eliges.

Tú decides de qué manera vives.

  • ¡Vamos cariño, despierta!
  • ¿Ya? ¿Qué hora es?
  • ¡La hora de empezar un nuevo día!
  • Pero estoy tan cansado…
  • ¡Lo entiendo! Pero ¿sabes qué? Hoy te equivocarás, hoy no te aceptarán, hoy seguramente meterás la pata en algo, y dejarás algo a medias, pero ¿sabes qué? Eso forma parte de la vida. Lo harás mejor. Así que vamos allá, vamos a aceptarnos, a querernos, y a empezar el día…
  • Dime al menos que hay café…
  • ¡Claro que sí!

Y así fue.

Su último pensamiento antes de volver a dormirse fue: “Mañana lo haré mejor“.

Read Full Post »

¿Conocéis el dicho aquel que, más o menos, viene a decir que los mejores amigos, los verdaderos, son los de toda la vida?

Pues bien, queridos lectores, tengo noticias para vosotros. Eso es mentira. Es una mentira tan grande, que su creencia y propagación ha generado las mayores ansiedades y comidas de cabeza de la historia.

Resulta que Sara tiene una amiga, Mónica, a la cual conoce desde que ambas rondaban los 5 años. Fueron a la misma escuela, a la misma clase, cursaron juntas primaria, secundaria e incluso el Bachillerato.

Prometieron mantener el contacto una vez iniciaran la Universidad, y así lo hicieron. Se veían cada semana para comentar sus cosas, sus problemas, sus desamores, sus dilemas familiares, lo lunática que era su madre, lo obsesivo que era su ex pareja, etc.

Hasta aquí genial. Salvo por un gran problema que Sara no alcanzaba a ver. Mónica le trataba mal, sutil e interesadamente mal.

Mónica era esa persona que necesitaba generar conflictos, tener problemas, peleas, en definitiva, alguien a quien criticar, odiar, y tener colgada en su diana de la pared, lugar donde descargaba todas sus inseguridades y envidias.

Sara le daba los mejores consejos posibles, le intentaba ayudar, guiar por un camino mucho más sano y correcto para su amiga Mónica. Pero había un problema con el que Sara no contaba, Mónica era una persona extremadamente tóxica, y en su camino de destrucción y polución, se llevaba por delante la estima que Sara le tenía.

Así que un día, tal y como suele ocurrir en estas situaciones, le tocó a Sara ocupar su diana. Mónica había quemado ya el nombre de tantas personas, de tantas amigas y conocidas, que tuvo que renovar a su víctima. Y le tocó a ella.

Dejó de llamarle, de interesarse por ella, de preocuparse, preguntarle… le había llegado voces de que Sara no pasaba por su mejor momento, pero aún así, la crueldad e inmadurez de Mónica era mayor que la estima que sentía por Sara, y seguía sin llamar ni dar señales de vida.

Detrás de toda esta escena, como podréis imaginar, nos encontramos a una Sara sumida en la incomprensión, la ira, el enfado, la pena… no entiende qué ha pasado, por más que lo intenta, no logra situar en su cabeza el momento en el que ambas discutieron y surgió la brecha entre ellas.

Fue de golpe. Sin previo aviso. Y con mucha crueldad.

Aquí os donde aparece el peligroso (y falso) dicho “Los mejores amigos son los de toda la vida”. Esto es lo único en lo que Sara puede pensar, así que decide pasarse horas y horas hablando de Marta, echándole de menos, echándose las culpas…

Lo  mismo suele ocurrir con las relaciones de pareja de larga duración. Una pareja lleva tanto tiempo juntos, que suena imposible poder separarse, aunque uno de ellos haya dejado de quererte, o haya dejado de tratarte bien. Y si ya hay niños por medio, olvídate.

Tendemos a pensar que aquella persona que tenemos al lado nos conocerá más, y mejor, cuanto más tiempo haya pasado a nuestro lado. Pero ¿qué ocurre cuando esa persona ha dejado de quererte? ¿Qué ocurre cuando, de hecho, has dejado de conocer a esa persona?

Hablando sobre este tema con mi entorno, amigos, colegas de profesión, me encuentro el mismo miedo: soltar.

Exactamente soltar aquello que lleva con nosotros mucho tiempo. Tanto que no podríamos entender nuestro pasado, o infancia, sin esa persona.

Vamos a pararnos aquí. Vamos a recapitular:

  • Estás mucho tiempo con un amigo.
  • Se convierte en tu mejor amigo por un tema de temporalidad y permanencia.
  • Esa persona deja de quererte.
  • Deja de tenerte en cuenta.
  • Dejas de interesarle, en definitiva.
  • Llevas tanto tiempo con esa persona, que no quieres soltarla.
  • Aunque sabes que no te hace bien.
  • Piensas que no es para tanto, y que se solucionará.

¿Veis lo mismo que yo? Os echo un cable: Dependencia.

Volved a leer los puntos extraídos como resumen. Ahora preguntadle a un drogodependiente, a un adicto al tabaco, al alcohol, o al sexo, qué siente sobre su sustancia de consumo. Os dirá exactamente lo mismo.

La amistad es una relación afectiva que se puede establecer entre dos o más individuos, a la cual están asociados valores como la lealtad, la solidaridad, la incondicionalidad, el amor, la sinceridad, el compromiso, entre otros, y que se cultiva con el trato asiduo y el interés recíproco a lo largo del tiempo.

Proviene del latín amicĭtasamicitātis, que se deriva de amicitĭa, que significa ‘amistad’. Esta, a su vez, viene de amīcus, que traduce ‘amigo’, mientras que este último procede de amāre, que significa ‘amar’.

La amistad puede surgir entre hombres y mujeres, novios, esposos, familiares con cualquier clase de vínculo, personas de distintas edades, religiones, ideologías, culturas, extracción social, etc. Incluso, una amistad se puede establecer entre un ser humano y un animal; no por nada el perro es el mejor amigo del hombre.

Relaciones de amistad pueden nacer en los más diversos contextos y situaciones: el lugar donde vivimos, el sitio donde trabajamos, la escuela, la universidad, fiestas, reuniones, el café que frecuentamos, a través de otros amigos, redes sociales, etc.

Las amistades, no obstante, tienen diferentes grados de compenetración. Desde los amigos con quienes sentimos relaciones más lejanas, hasta aquellos con quienes el trato es tan estrecho que los consideramos “mejores amigos”, otorgándole a la amistad un grado de superioridad sobre las otras.

La amistad no solamente surge con quienes tenemos más afinidades en cuanto a gustos e intereses, o con quienes tenemos más parecido, sino que puede aparecer entre personas muy dispares. De hecho, a veces ese es un factor que fortalece la amistad, pues una buena amistad complementa y enriquece a la persona, no solo en el intercambio de ideas, información y sentimientos, sino también en el hecho de compartir los buenos y malos momentos de la vida.

Como veis, he intentado resumiros los aspectos generales de una amistad, donde encontramos que se habla de lealtad, cariño, amor, cosas en común, animales, compañeros de trabajo, cercanía, contacto… pero, fijaos que curioso, no dice nada del tiempo ni de la temporalidad de la relación.

¿Por qué nos engañan entonces?

Quizá todo sería mejor si nos contaran “Un amigo es el que te trata bien, te quiere, confía en ti, y puedes contar con él siempre. Un amigo es aquel que te fallará, pero lo habrá hecho queriéndote. Un amigo es aquel que te hará daño, pero lo habrá hecho sin haber dejado de quererte”.

Ahora es cuando te propongo que mires a tu alrededor, a tu entorno, y te asegures de dos cosas:

  • Rodéate de amigos, tal y como debería ser ese concepto entendido.
  • Asegúrate de no ser tú el que estás fallando.

Si, por cosas de la vida, descubres que hay alguien al que consideras amigo, pero no cumple lo que debe cumplir, te recomiendo que leas nuestra entrada “Soltar”, publicada anteriormente: https://huecoeducativo.wordpress.com/2011/03/22/soltar/

¡Un abrazo, amigos!

¡Ah! ¡Por cierto! Sara finalmente dejó atrás la relación que mantenía con Mónica. Entendió finalmente que ella no es un móvil, y no tiene contrato de permanencia con nadie.

Es feliz. Está contenta, y se rodea de gente sana que le quiere y respeta.

Mónica sigue con sus amigos de toda la vida. Y con su diana colgada en la pared.

Read Full Post »