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Archive for 15 febrero 2015

Días que no valen nada

Es lunes.

Juan se levanta como de costumbre a las 7 de la mañana, y se dispone a hacer café mientras planea el día, decide hasta cómo le va a ir anímicamente ¡sin saberlo!

No le importa que sea lunes, el viernes tiene una cena con la mujer de sus sueños, así que tiene un buen motivo para pasar la semana, esperar al viernes. Será lunes y se le hará cuesta arriba, pero lo superará. Llegará el martes, y en su calendario emocional quedará un día menos. Llegará el miércoles, e inconscientemente se pasará el día pensando “¡Esto ya está hecho!”. Llegará el jueves, y se le pasará volando, pues no dejará de pensar “Mañana, mañana…”. Llegará el viernes, y eso es un suspiro ¿Dónde le llevará? ¿Qué se pondrá? ¿Se besarán?

Tenía el viernes marcado con color lila fuerte en su calendario. Los otros días no valían.

Es martes.

Clara se levanta como de costumbre muerta de sueño, ayer no quiso acostarse pronto, y se quedó hasta las tantas viendo vídeos por internet.

Está muy nerviosa. El jueves tiene una entrevista de trabajo, y es lo único en lo que puede pensar “¡Tiene que ser mío!

Se pasa la semana pensando en el jueves, no piensa en nada más. De hecho, evita hasta quedar con gente para poder acostarse antes, y llegar al ansiado día ¡Tenía que conseguir ese trabajo como fuera! Eso era en lo único en lo que podía pensar.

Tenía el jueves marcado con color verde fuerte en su calendario. Los otros días no valían.

Es miércoles.

Ramón se ha levantado inquieto. Su novia, que había pasado unos días fuera por trabajo, volvía el sábado, y según rezaba uno de sus mensajes “Tenían que hablar”. Sabía que algo iba mal, era algo ya tan obvio y claro que ni lo comentaban.

Quedaban aún 4 días, así que lo único que podía hacer en sus noches sin pegar ojo era apretar su cara contra la almohada, llorar, y rezar para que llegara el sábado. Así se pasó jueves, viernes y sábado.

Tenía el sábado marcado con color rojo fuerte en su calendario. Los otros días no valían.

Es jueves.

A Marta le gusta su trabajo, su vida, su novio… pero esta semana estaba especialmente excitada. El domingo iba a conocer a sus padres ¿Cómo iba a salir ilesa de esa situación?

Quedaban solamente 4 días para la matanza, y tenía que estar preparada. Mostrarse cariñosa, educada, disminuir esos rasgos de chonismo de los que era poseedora… y sobrevivir como pudiera.

Casi no era consciente de lo que tenía que hacer esos días, su mente estaba centrada en el domingo.

Tenía el domingo marcado con color verde fuerte en su calendario. Los otros días no valían.

Es viernes.

Lucía aún tiene que esperar ansiosa a las nueve de la noche. Se va de fiesta con sus amigas, y seguramente, o eso espera, conocerá a un buen hombre con el que acostarse y tener sexo. Pero aún quedaban 8 horas en la universidad ¿Y para qué? Ni prestaba atención, estaba centrada únicamente en los mensajes de grupo de su teléfono, en la ropa que iba a llevar, y en el gran pedo que se iba a agarrar.

Tenía el viernes marcado con color naranja fuerte en su calendario. Los otros días no valían.

 

Lo que ellos no saben es que esos “días que no valían”, han dejado escapar su oportunidad de ser feliz. De ser realmente feliz.

Juan fue a la preciada cena, tuvo sexo loco, y luego se cansó de ella, de sus manías de princesita, y de sus malas formas. Lo que no sabe Juan, es que en “esos días que no valían” se cruzó con una mujer en el metro que llevaba dos meses mirándole, y pensaba pedirle tomar un café. Vio a Juan tan ausente, que no quiso decir nada. Era la mujer de sus sueños.

Clara consiguió el trabajo. Y a los seis meses ya estaba arrepentida. Trabajaba el doble de horas, por la mitad de sueldo, y no hacía nada por cambiarlo. Dormía menos, comía mal, y no tenía ganas de salir de casa, sólo de dormir. Lo que no sabe Clara es que uno de esos días que “no valían nada” dejó pasar un cartel bien grande donde se ofrecía trabajo de lo suyo, 6 horas muy bien pagadas, con fines de semana libres.

Ramón fue a la cita con su novia. No lo dejaron. Decidieron darse una nueva oportunidad, y hoy en día son una pareja quemada, arruinada, y no se soportan el uno al otro. Lo que Ramón no vio en “uno de esos días que no valen nada” fue un mensaje de un amigo suyo que le ofrecía ayuda para trabajar su autoestima, y ver lo que realmente se merecía.

Marta fue a la cita con los padres de su novio. Fue genial. Salió airosa. Lo que Marta no pudo ver unos de “esos días que no valen nada” es que su madre se sentía sola, abandonada, y se sumía lentamente en una gran depresión, pero su hija no estaba para ella, como siempre.

Lucía salió de fiesta, ligó, y tuvo sexo. Se lo pasó en grande, y se pasó el fin de semana quejándose de la resaca. Lo que Lucía no vio “uno de esos días que no valen”, es que una compañera suya había empezado a tontear con la comida, y se consumía en los huesos. Pero Lucía se pasaba la semana esperando al viernes, y entre semana nada valía.

 

Y es que parece ser que así vivimos, con una fecha marcada en el calendario. Los otros días no valen. No son más que puentes que nos llevan a la fecha deseada.

¿Es domingo? Nos lo vamos a pasar pensando que mañana es lunes y hay que trabajar.

¿Es lunes? Nos lo pasamos pensando ya en el fin de semana.

El martes pensaremos que el lunes ya está superado. El miércoles pensaremos ya qué haremos el viernes. El jueves pensaremos que el fin de semana ya se asoma. El viernes pondremos el cerebro en estado plano ¡ya se huele el fin de semana!

Y los otros días no valen nada.

Lo que no somos capaces de ver es que en “esos días”, podemos cambiar nuestra vida, nuestros sueños, o por qué no, la situación de otra persona.

¿Os imagináis que viviéramos cada día como si fuera viernes?

¿Lo intentamos?

¡Feliz semana llena de viernes!

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Y llegó San Valentín.

Ese día en el que los enamorados tienden a sobrevalorar los aspectos positivos de su pareja, y a disminuir y dejar en la bandeja de entrada esos aspectos que tantas noches les ha hecho pensar “¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Será la persona que merezco?”

Ese día en el que las parejas pasean de la mano, mientras miran a todos con una sonrisa en la boca, como expresando “Voy a tener esta noche el mejor sexo de mi vida”.

Ese día en el que el otro miembro de la pareja se pasa el día pensando “¿Con qué me sorprenderá? ¿Me llevará a cenar? ¿Me regalará rosas? ¿Me hará un hijo?”

Y si además contamos con el estreno en cine de 50 sombras de Grey, lo tenemos todo. Nos espera en noviembre un baby boom de órdago.

Ayer, camino a casa, eran muchos los mensajes de amigos que, como yo, están solteros, y todos y cada uno de ellos querían lo mismo “Quemar San Valentín”. Y si además es con risas y alcohol, mucho mejor.

Por cosas del destino, un recorte de una revista de lo más interesante cayó ayer en mis manos. En ese recorte pude leer cómo, si quieres cuidar el mundo y tu alrededor, primero tienes que cuidar tu interior. Limpia tu armario, y luego ya limpiarás el resto (Gracias, gota de agua, por ese artículo).

Eso me ha hecho hoy sentarme aquí, delante de la hoja en blanco, y pensar ¿es justo que este día sea solamente para los enamorados? Y tras ese pensamiento, he pensado “¿Y si yo estoy enamorado de mí? ¿Debería celebrarlo?”

Esta idea me ha llevado a lo que yo siempre he pensado acerca de San Valentín, y es que las parejas deberían quererse siempre, cada día, ante lo que he pensado “¿Y yo? ¿Me quiero cada día?”

Siendo crítico conmigo mismo, no.

No me quiero cuando trabajo más horas de las que debería, y no espero nada a cambio.

No me quiero cuando tengo una opinión y no la expreso por miedo a lo que el resto pueda pensar.

No me quiero cuando quiero darme un capricho bien merecido, y los remordimientos no me dejan.

No me quiero cuando doy cabida en mi vida a personas tóxicas.

No me quiero cuando dejo que otros vacíen sus miedos e inseguridades en mí, y yo les doy cabida.

No me quiero cuando me dejo enredar con chantajes emocionales.

No me quiero cuando me siento mal por negarme a hacer algo que no quiero hacer.

No me quiero cuando pienso que otros son mejores que yo, y esto me hace sentir menos.

No me quiero cuando no me cuido.

Cuando no me valoro.

Cuando no hago lo que me gusta.

Cuando prefiero trabajar más horas, antes que dedicarme a mi cuerpo o mi mente.

Y así, queridos lectores, un largo etcétera.

Ante lo que he pensado “¿Y si esto fuera en pareja? ¿Y si lo poco que me quiero cada día, se lo hiciera a otro?” ¡La relación sería una auténtica y rotunda, con perdón, mierda!

Así que he cancelado absolutamente todo lo que tenía que hacer hoy, que se puede resumir en: trabajar, ordenar la casa, atender unos compromisos laborales que no pueden esperar al lunes. Lo he cancelado todo, porque hoy es el día de los enamorados, y, afortunadamente, estoy enamorado de mí, de la persona que soy hoy en día.

Así que, como bien decía anteriormente, hoy voy a sobrevalorar los aspectos que me gustan, y dejar los que menos me agradan en la bandeja de entrada, total, mañana seguirán ahí.

Voy a llevar a cabo, en el día de hoy, todo aquello que me gusta y me apasiona.

Y no, no hablo de plantar un árbol, escribir una novela, o escalar una montaña. Hablo de esas cosas del día a día que debería hacer por mí y para mí, y siempre las dejo en un segundo plano.

Voy a hacer café como para abastecer a toda Asia, y será todo para mí.

Voy a darme un largo baño con mis canciones favoritas.

Y voy a cantar.

Voy a leer, sin parar, ese fantástico libro que me tiene obsesionado.

Voy a escribir.

Voy a pasarme todo el día en pijama.

Antes saldré a correr.

Llamaré a mi familia.

Invitaré a mis amigos a cenar en casa (yo seguiré en pijama).

Y, por supuesto, voy a pasarme todo el día jugando a la videoconsola, sin parar.

Voy a hacer todo lo que me gusta, y me voy a prometer que cada día me cuidaré y no dejaré lo realmente importante atrás, para atender lo banal.

Voy a hacer todo esto porque hoy es el día de los enamorados. Y yo me quiero.

Cualquier cosa, dejad un mensaje. Hoy no me encontraréis, estaré pasando tiempo conmigo mismo.

¡Feliz día de los enamorados!

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