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Archive for 31 diciembre 2010

¡Nuestro primer fin de año juntos en El Hueco Educativo!

Tengo que reconocerlo, es mi día favorito del año, con diferencia.

Es cierto que hay gente que parece haber nacido para estar en contra de “estar bien”, de festejar, de disfrutar… yo no soy uno de ellos. Es más ¡esta noche casi ni duermo de los nervios!

Mucha gente dirá que es un día como cualquier otro, y de hecho yo estoy ahora mismo escribiendo esto desde mi trabajo (¡Ups!). Pero no es cierto. Me embarga la típica sensación de tristeza y alegría, como cuando lees un libro, uno de esos libros que te han tocado el alma, y llegas a la última página ¡Qué ilusión! ¡Lo vas a acabar! Aunque por otro lado también piensas “No volveré a saber más de los personajes, de la historia, del entorno…”. Hasta que, finalmente, cuando ya lo has leído, y has cerrado la tapa, sonríes y piensas: “Cerrado. Puedo empezar otro nuevo”.

Así ocurre con esta noche, pero, además, lo celebras con todos tus seres queridos. La prueba del traje para la noche, preparar la cena con la familia, la peluquería de última hora, los famosos y populares ritos para llamar a la buena suerte en este próspero año… Lo que yo os digo, como un niño.

Así pues, como viene siendo habitual en este día, voy a enviar buenos deseos, y esta vez no quiero que sea el típico “Salud, dinero y amor”, como cantaba un antiguo dinosaurio español. Quiero cosas específicas, cosas que se puedan cuantificar, objetivos claros y precisos.

Me dejaré a mí para el final, ya que creo que hay cosas más importantes que pedir, como puede ser, para el próximo año…

–          Más mimos para la naturaleza, que parece ser que nos está advirtiendo, y no estamos haciendo mucho caso…

–          Más dinero para medicamentos, y menos para armamento.

–          Justicia divina para equiparar a los países pobres, que se matan por comer, con los países ricos, que nos matamos por poder.

–          Una nueva oportunidad para Zapatero, pero sólo si viene acompañada de responsabilidad, constancia, inteligencia y sensibilidad.

–          Más afecto y cariño para aquellos partidos políticos que se preocupan más por retirar las bodas gays, o el aborto… y menos por el trabajo y la vida digna de nuestros mayores.

–          Un abrazo para Rajoy (que creo que por ahí falta algo).

–         Leyes más duras para aquellos que cada vez son más duros con los inocentes.

–          Un tratamiento efectivo y menos doloroso para el cáncer.

–          Un tratamiento a corto plazo, eficaz y constante para el SIDA.

–          Que los curas y monjas que realmente viven de acuerdo a las ideas del cristianismo, tomen el poder de la Iglesia.

–          Una ducha de humildad para los directores de TeleCinco.

–          Una tregua a esos países devastados por las inundaciones y terremotos.

–          Coherencia para España.

–          Objetividad en los telediarios.

–          Positividad en los periódicos.

–          Más espacios sin humos.

–          Menos humos.

–          Una jubilación más digna.

Desgraciadamente, la lista podría ocupar hojas y hojas de extensión, pero, al menos, recojo las ideas que más rápido han llegado a mí, que más han anclado.

En cuanto aquí, a un servidor, un par de cosas no le irían nada mal, como por ejemplo:

–          Menos mal carácter.

–          Más paciencia con estadística e investigación educativa.

–          Comprender que no todos tenemos los mismos objetivos en la vida.

–          Comprender que no todos entendemos por igual los conceptos “amor”, “amistad”, etc.

–          Aprender a “soltar” (tema del cuál prometo hablar próximamente).

–          Filtrar información, no soltar lo primero que me pase por la mente.

–          No juzgar.

–          Perdonar más.

–          Exigirme menos.

Pero no todo va a ser negativo. Haciendo el balance, no ha sido en absoluto un mal año. Cerré una etapa importante en mi vida, a nivel personal; y aunque ahora mismo mi faceta personal está en  ||PAUSE||, he empezado una nueva experiencia profesional, totalmente satisfactoria y plena. Y eso, desde luego, me lo he ganado en el 2010.

Pensemos, pues, en todas esas cadenas que llevamos este año arrastrando.

–          ¿Te querrá?

–          ¿Me perdonará?

–          ¿Volveremos a estar juntos?

–          ¿Conseguiré ese trabajo?

–          ¿Dejaré de fumar algún día?

–          ¿Le llamo?

–          ¿Hacia dónde va mi vida?

–          ¿Tendré algún día una familia?

–          ¿Debería revisar mi salud?

–          ¿Realmente quiero estar con esta persona?

Dejemos por un momento estas cadenas que no hacen más que anclarnos. Démonos una tregua. Respiremos. Coged aire, y soltadlo.

Se acaba el año.
Se acaba el libro.
¿Qué sentido tiene empezar otro libro que cuenta exactamente la misma historia?

Me gustaría que, cuando hicierais el balance de este año, lo hicieras desde la actitud de “despedida”. Habéis vivido cosas hermosas. Habéis conocido a gente nueva. Habéis perdido a otras. Habéis llorado de risa. Habéis llorado de pena. Habéis vivido. Os habéis sentido muertos. Todo esto es comprensible, y más en un espacio tan transversal como un año.
Pero, aún así, despedid todo ello. Desde el amor, desde el cariño, desde la comprensión. Os han servido, tanto los buenos como los malos, os han hecho ser quien ahora sois. Así que sentíos agradecidos.

Y ahora decidles adiós.

Empezáis un libro nuevo. Muchos de los personajes serán antiguos, otros llevarán poquito, pero también aparecen nuevos personajes ¡Vivamos otras historias! ¿Por qué anclarnos en la comedia? ¿Y en el drama? ¿Y en el musical?

¡Quien sólo ríe, muere necio!
¡Quien sólo llora, muere amargado!
¡Quien sólo canta, muere mudo!

¡Vivamos historias diferentes!

Así pues, desde El Hueco Educativo, os invito a ello. Reflexionad, sentid, valorad, y soltad. Que todas esas cadenas que os pesen, no sean vuestras nunca más. Tenéis la llave en la mano. Hacerlo es ya sólo cosa vuestra.

Y como no,  no me despido sin desearos a todos un fantástico fin de año, y una aún mejor entrada.
Que lo disfrutéis, da igual si es con la familia, amigos, pareja… la cuestión es que disfrutéis. Que llaméis al buen rollo, a la unificación, a la alegría…

Y sobre todo, que nadie se me olvide de brindar con algo de oro en la copa, escribir los 3 deseos en un papel y quemarlo, y poner una mochila en la puerta para que el próximo año nos dé al menos un viaje.

Y recordad, estáis a tiempo, se acaba el año, que no os quede nada por decir…

¡¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!

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Querido Jan

Querido Jan:

Antes que nada, me gustaría decirte lo mucho que te quiero, y te acabo de conocer. Las ganas que tenía de tenerte entre mis brazos, y aún no te había visto.

Acabas de llegar a este mundo, y no me gusta lo que veo.
Quizá debería hablarte de cómo es, cómo está formado, por quién está formado… la gente se miente, se traiciona, se pisa, se hiere, se matan por dinero, se roban por comida, se matan por falso amor, se violan por pasión…
Quizá debería darte una visión más real de este mundo, pero no quiero. No quiero porque es demasiado feo para tus preciosas orejas, esas que, entre risas, bromeábamos diciendo “espero que no sean de soplillo”.

Prefiero mucho más hablarte de cómo me gustaría que fuera este mundo a partir de ahora. Para ti.

Porque me gustaría que la gente pidiera perdón cuando hace daño.

Me gustaría que la gente no tuviera tanto miedo a las emociones,  a sentir.

Me gustaría que la gente dijera “te quiero” sin miedo. Es una expresión tan bonita, que no merece ser callada por miedo a la respuesta.

Me gustaría que la gente, cuando echa de menos, simplemente dijera “Te echo de menos”.

Me gustaría que el daño no fuera gratuito, que herir y humillar no fuera ni divertido, ni aplaudido.

Me gustaría que un título universitario no fuera distinción de “mejor persona”, sino de “mejores oportunidades”.

Me gustaría que la gente, cuando se deja de querer, lo hablara sin miedo.

Me gustaría que el único fuego permitido, fuera aquel que sirve para encender las velas.

Me gustaría que el único susto permitido, fuera el del sonido de un globo al explotar.

Me gustaría que la única manera de llorar, fuera de la risa.

Me gustaría que la única manera de matar, fuera a polvos.

Me gustaría que la mentira no tuviera sonrisa, si no mal olor, que se la viera venir de lejos.

Me gustaría que las personas que abusan, violan o matan, tuvieran atada a sus pies una cadena, pero perpetua.

Me gustaría que el único riesgo de internet, fuera el de enamorarte de un desconocido.

Me gustaría que la única paliza que existiera, fuera la de tu equipo favorito.

Me gustaría que los corazones no se pudieran romper, sólo hacer más fuertes.

Me gustaría que la gente mala, nunca ganara.

Me gustaría que a la gente sincera, nunca se le castigara.

Me gustaría que la gente falsa, viviera siempre con una máscara pegada a la cara, y una patada al culo.

Me gustaría que los únicos quilos que importaran, fueran los del bolsillo, y no los del cuerpo.

Me gustaría que la gente debatiera sobre la independencia personal, no sobre la territorial.

Me gustaría que la voz política fuera tan válida como la palabra en la boca de un mentiroso.

Me gustaría que trabajar fuera un placer, y no un privilegio.

Me gustaría que la palabra de nuestros mayores fuera tomada como oro en paño, y no como viejos sermones.

Me gustaría que las diferencias sexuales fueran sobre el sabor de los condones, y no sobre la inclinación personal.

Me gustaría que ser de otro color fuera un problema para la lavadora, y no para las personas.

Me gustaría que la educación fuera una cuestión vital, y no capital.

Me gustaría que perdonar fuera doloroso, pero necesario.

Me gustaría que la gente aconsejara, no criticara.

Me gustaría que la diferencia mental sirviera para recibir ayuda, no burlas.

Me gustaría que el tamaño del corazón valiera más que el tamaño de un bíceps.

Me gustaría que los animales se dejaran la piel en alimentar a sus crías, no en vestir a zorras.

Me gustaría que la gente se pusiera metas, no límites.

Pero sobretodo, y entre otras muchas más cosas, me gustaría que crecieras en una sociedad más justa, más equilibrada. Que te hicieras un hombre honrado, de provecho, de buenos modales y mejor corazón. Y como no, que yo esté a tu lado para verlo, guiarte, ayudarte, quererte…

Porque hoy ha venido a este mundo un niño llamado Jan, como miles de otros niños que llegarán antes de acabar este año. Y se merecen, desde luego, un mundo mejor.

¿A qué esperamos?

¡Feliz Navidad a todos!

¡Feliz Navidad Jan!

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Navidad para todos.

–          Disculpe ¿tiene un segundo? Me gustaría contarle una pequeña historia…

Laura miró a aquella mujer, sorprendida, y asintió con cierto recelo. Su cabeza estaba estudiando su rostro, su mano agarraba fuerte el bolso, “que nunca se sabe”.

Su nombre era Helena. Provenía de una familia humilde de la zona sur de Granada. A la temprana edad de 13 años tuvo que dejar la escuela para ayudar a su madre en el trabajo. Limpiaban casas.

Tenía 5 hermanos, y ninguno de ellos había ido a la escuela. Helena era la más pequeña, y la más responsable. El resto de sus hermanos, historias de droga, delitos, y armas blancas.

Comían lo que podían, y muchas veces habían llenado el estómago gracias a la compasión de otras personas, que les daban dinero, comida, o ropa.

Para Helena, la Navidad era la época más triste del año. Nunca había recibido ningún regalo. Eso normalmente la haría enfadar, pero siempre recordaba las lágrimas y quejas de su madre la noche anterior, “Son niños, deberían recibir juguetes, soy la peor madre del mundo”.
Helena, entonces, se acercaba a ella, la abrazaba, y mirándole a los ojos le decía “No llores, mami, eres la mejor madre del mundo”.

¿Pero no quieres regalos?”, le preguntaba la madre. “Te quiero más a ti”, respondía ella.
La madre entonces la miraba con sorpresa y orgullo, y le repetía “Recuerda esto siempre, tienes el cuerpo de una niña de 7 años, pero el corazón de una de 70”. Ambas se abrazaban. Helena sonreía. La madre se moría de pena.

Recordaba muy bien el día que recibió como regalo mil pesetas. Le hizo tanta ilusión que enseguida se puso a pensar en qué gastaría el dinero; una bici, no, mejor una muñeca de esas que hablan y tienes que darles de comer, o un perrito, o una pecera… ¡tenía tantas ideas! ¡Tantas necesidades!

Al día siguiente Helena tuvo que devolver aquél dinero. Necesitaban comer, y eso, sabía bien ella, era mucho más importante que una muñeca que hablaba, o un perro que ladraba.

Helena creció, y con el tiempo también lo hicieron sus pechos, sus curvas y su belleza. No tardó en encontrar un marido que la quisiera y amara, le dejara embarazada, le partiera la cara, y le abandonara.

Trabajaba limpiando casas, y vivía gracias a la caridad y servicios sociales, que les proveían de comedores, mantas, ropas…

Su niña, su pequeño tesoro, cumplía 6 años. Y se acercaba la Navidad. Entonces, ocurrió el milagro.
Esa mañana, cuando Helena se dirigía al centro de servicios sociales a recoger su paga, una de las asistentes la paró, y le dio la buena noticia. Debía apuntarse a las listas si quería recibir juguetes por Navidad.

–          ¿Cómo? – preguntó incrédula.

–          ¿No piensas regalarle nada a tu niña? Vamos Helena, que es Navidad.

Entonces se enteró. Ese año la campaña había sido un éxito, y muchísima gente había participado. Se trataba, simplemente, de llevar a los centros sociales del barrio aquellos juguetes rotos, viejos, usados, olvidados… que ya no hacían ninguna falta a los pequeños afortunados. Esos juguetes eran comprobados, limpiados, adornados, y se apuntaban en listas, para después repartir según las edades y necesidades de los pequeños.

Helena miró aún temblorosa la lista de juguetes; patines, peluches, muñecas, raquetas, coches, camiones…

–          ¡Quiero la muñeca!

–          ¡Tuya!

 

Laura seguía escuchando expectante a Helena, que ya terminaba la historia.

–          No entiendo porqué me cuentas esta historia, aunque me alegro, de verdad.

–          He visto que salías del centro social, y no tienes pinta de necesitar esa ayuda – se aventuró Helena.

–          Así es, he venido simplemente a entregar ropa vieja que ya no uso – dijo Laura, y no pudo evitar sentirse maleducada, pija y grosera.

–          Por eso te cuento mi historia. Porque gracias a gente como tú nos vestimos, y comemos. Porque dar las cosas que ya no usáis, a nosotros nos facilita nuestra situación, seguramente ni se imaginará cuanto.

–          ¡Muchas gracias! Es lo mínimo que puedo hacer.

–          Gracias a ti. Porque gracias a gente como tú, este año mi pequeña tendrá algo que yo nunca he tenido, un juguete para Navidad. – dijo Helena con voz temblorosa.

–          Me alegro mucho ¡Feliz Navidad! – se despidió Laura.

–          ¡Feliz Navidad!

 

Óskar Blázquez

 

Se acerca la Navidad, y como cada año, millones de juguetes saldrán de las tiendas para hacer reír a los más pequeños.
Además, como cada año, muchos otros juguetes quedarán olvidados en el fondo del armario. Acumulando polvo.

Este año, puedes ser tú también un rey mago, y ayudar a muchos niños que, al contrario que nosotros, no tienen la oportunidad de disfrutar de ese coche teledirigido, de esa muñeca que hace caca, o de esa peonza que marea.

Lo he visto con mis propios ojos, he participado de ello. Esos juguetes se ordenan, se arreglan, se limpian, y se depositan en cajas para repartirlos por diferentes centros sociales.

Una vez allí, lista en mano, se reparten entre las familias más necesitadas, con menores ingresos, y con mayor número de hijos.

Si vierais la cara de esas madres, sabiendo que por un año más, sigue vivo el espíritu navideño. Sabiendo que sus hijos no se quedaran sin juguete, que para ellos también existen los Reyes Magos, también existe para ellos la Navidad.

Puedes hacerlo a través de diferentes webs, colgadas más abajo, o a través de los centros sociales o iglesias de tu barrio, pueblo o ciudad.

Anímate.

Ponte este año tú la corona, y sé el Rey Mago que siempre has soñado ver.

¡Participa!

¡Que la Navidad sea para todos!
¡Que la Navidad no sea un lujo!

 

Feliz Navidad a todos. Para todos.

 

 

http://www.lacaravana2010.org/

http://www.medejasjugar.org/la-campana/recogida-de-juguetes.html

http://www.theodora.org/ESP/es/010-ESP-es.html

http://www.lbv.org.ar/es/programa-ronda-de-juegos.html?gclid=CJfc3Ojb-qUCFeBd4wodUyaT4Q

 

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Tiende la mano.

Mientras todos se iban, mis esperanzas decaían.

Miembros de mi familia, amigos, conocidos, enemigos… iban saliendo del Hogar, mientras otros nuevos llegaban. Al tiempo, estos otros también se iban, y volvía a quedarme solito “No te quieren porque eres cojo ¿así quién te va a querer?”, me decía el bruto de Ernesto.

Mi nombre es Polilla. Según he oído me lo pusieron porque me encontraron de pequeño dentro de una caja de madera, y yo, aburrido o desesperado, iba comiéndomela. Dicen que soy tonto, porque no sé retener mis necesidades, pero sinceramente, ni sé porqué debería retenerlas, ni sé dónde debería hacerlas.

Un día, Blanca, la más veterana de todos, se acercó y me dijo:

–          No te preocupes, llega la Navidad, aumentaran tus oportunidades de ser adoptado ¡ya lo verás!

Y así fue. Llegó la Navidad. Todos estábamos excitados. Necesitados. Y entonces la vi. Era morena, llevaba dos coletas y una piruleta de caramelo en la mano. No sé que me atrajo más, si el sonido de su risa, o el dulce. Pero la cuestión es que me dirigí directo a ella, olvidándome por completo de mi cojera, y me lancé a sus brazos.

El resto os lo podéis imaginar. Se enamoró de mí al instante, y yo de ella. Me llevaron a su casa, era, según sus palabras, “el mejor regalo de Navidad”. No tuve tiempo para despedirme de mis amigos, pero es que era tan feliz, alguien me quería, por fin.

Pasaron los meses, pasaron los años, y en esa casa sólo se hablaba de “gastos del veterinario”, “operación de la pata”, “falta de responsabilidades”, “falta de tiempo”, “ya no es una niña”, “tiempo para la Universidad”, y “crisis”. Crisis. Esa fue, quizá, una de las palabras que más escuché esos últimos años.

No sabía muy bien qué pasaba, pero una tarde de verano, cogieron sus maletas y nos fuimos al coche. Supuse que, como tantas veces, nos iríamos de vacaciones. Pero entonces pararon el coche, y él se bajó. Me llamó como solía hacerlo siempre “Chico, chico, ven aquí amigo”.

Yo, obediente, me dirigí corriendo hacia él. No hacía otra cosa que decirme que había sido un buen perro y un buen amigo. Eso era totalmente cierto. Soy un buen perro. Cuando a él le diagnosticaron una gripe muy grave, no me movía de su lado por si necesitaba hablar. No sé responder, pero sé escuchar perfectamente.

Cuando a la pequeña Marta le rompieron el corazón, y se pasaba las tardes llorando en su habitación y escuchando canciones tristes, yo fui su paño de lágrimas. Me pasaba las tardes en la cama con ella, dándole mimos con mi hocico, y lamiéndole la mano.

Entonces él ató la correa a un árbol cerca de la carretera, con un cártel pegado, y volvió al coche. Yo pensé que volverían. Hubiera puesto mi vida en ello. Pensé que quizá iban a comprar, como de costumbre, y que como no podía entrar en las tiendas, pasarían a recogerme más tarde.
Luego pensé que quizá se estaban retrasando demasiado. Se hizo oscuro. Hacía muy buena noche, pues era verano, pero tenía miedo. No me gustan los sitios oscuros, y mucho menos a solas. Entonces miré el cartel que había puesto cerca de mí. No sé leer, pero sí que diferencié el dibujo de un perro, un corazón y una cara sonriente. Aún así, hay algo que no entiendo… si yo me fuera de vacaciones, no dudaría en llevármelos conmigo. No entendía nada.

Entonces un coche grande se paró, y un hombre se acercó a mí. Puso su mano cerca de mi hocico, para que yo pudiera olerlo y familiarizarme con él. Olía muy bien. Luego agarró mi correa y me llevó a su coche.

Aún recuerdo las tardes de juegos con mi familia. Familia. Hubiera dado todo por defenderla. Y sin embargo, ahora estoy aquí, viejo, dolorido, y sé que nunca nadie querrá llevarme a su hogar para cuidar de mi.

Cuando los cuidadores se acercan para darme la medicación, veo como se emocionan, ponen su tono de lástima y culpa, y dicen “Ay chico, qué lástima…

Entonces llega un día que te colocan un collar, te atan la correa, y te llevan a la sala de cura. Allí espera una chica, la conozco, muchas veces nos da calmantes para el dolor a los que somos más mayores.

Entonces la chica mira al cuidador, y le dice “Ya sabe que este trabajo es así, es lo mejor para él…” luego, acariciándome la cabeza, me dice “No luches, duerme”.

 

Óskar Blázquez

……………………

Los datos hablan por sí solos, si en el año 2000 unos 94.664 perros fueron abandonados en España, en el año 2009 nos acercábamos ya a los 108.895 canes abandonados, y la cifra sigue aumentando, y yo me sigo aterrando.

La asociación de los derechos de animales en España realizó en el año 2009 una encuesta por toda España sobre el motivo de este abandono de animales.

La mayoría respondió, con un 17,1% que este abandono se producía por “Falta de interés por el animal”, seguido de “Alergias de familiares” (15.3%) y “Nacimiento de un hijo” (12.9%).

¿En serio ninguna de estas causas tiene solución?
La falta de interés por el animal viene dada, muchas veces, por parte del hijo o hija de la familia que se encapricha en un momento dado por tener una mascota.
Debemos tener claro que esta mascota, además de dar cariño, amor y autoestima al dueño, también es una gran herramienta para trabajar la responsabilidad y constancia de nuestros hijos.

A la hora de regalar un perro (lean también gato, hámster, etc.) debemos (¡¡debemos!!) tener antes una charla con nuestros pequeños. Debemos recordarles que un perro no es un juguete, es un ser vivo, y como ellos, tienen emociones, sentimientos, carencias, necesidades… el niño tiene que sentir empatía por el perro, debe entender que si le pasa algo malo al perro, se sentirá mal, triste… no es un objeto, no es una videoconsola. Si al perro se le abandona, si no se le hace caso, llora, le duele.
Una vez que el niño ha empatizado con esa emoción, debe trabajar el significado de responsabilidad con otra cosa. Por ejemplo, una planta. Que sepa lo que es hacerse cargo de algo que depende de él, que siente, que necesita tiempo, mimos… poco a poco, cuando el pequeño vaya entendiendo el significado de “hacerse cargo”, es cuando debemos plantearle la idea de “Quizá estés preparado para adoptar un perro”.

En cuanto a las alergias de los familiares, es algo que podemos evitar antes de tener un perro. Infórmate, habla con tu médico, hazte las pruebas que necesites. No esperes a tener en casa al perro para averiguar si tienes alergia o no. Sé responsable. No estamos hablando de una camiseta que te pueda quedar pequeña.

El tema del nacimiento de un hijo me parece aún mucho más interesante.
Debemos tener en cuenta que el hecho de tener un perro en casa, y la llegada de un nuevo hijo, no son incompatibles. De hecho, muchas veces, son enriquecedores y de gran ayuda. Ante todo debemos saber que el perro, como todo ser vivo, tiene celos, odia sentirse desplazado y dejado de lado.
Así pues, cuando este nuevo familiar llegué a casa, no tratéis al can como un enemigo que no debe acercarse al bebé, esto le hará sentirse más receloso, más apartado… y sólo conseguiréis aumentar su odio.

Hacerlo partícipe, que se acerque al bebé, que lo huela, que el bebé interaccione con él. Entonces veréis como entre el recién nacido y el can se creará un lazo que nadie podrá romper.

Aún así, si te encuentras en este caso, hablalo antes con un especialista, en este caso con el veterinario que ya conoce al perro. Ya que esto depende mucho del carácter, el tipo de educación que ha recibido…

Llega la Navidad, y con ella el número de compra de animales aumenta. Buena noticia, sin duda. El problema de esto es que luego llega el verano, pasa el tiempo, el niño se hace mayor… y el número de abandonos también aumenta.

No soy nadie ni para dar consejos, ni para dar lecciones de moralidad. Pero sí me gustaría deciros que tengáis varias cosas en cuenta a la hora de comprar un perro.

No regaleis uno simplemente porque vuestro hijo, hija, sobrino, sobrina, lleva tiempo pidiéndolo. Enséñale antes el significado de responsabilidad, de colaboración, constancia, mimo, afecto…

Tengo un perro, algunas de vosotros lo conocéis, se llama Nacho. Es, seguramente, el perro más bueno que existe en la Tierra. Es dócil, cariñoso, leal y muy divertido. La gente de mi barrio lo conoce, pues cuando llega el verano se asoma a la ventana y se deja tocar por todo aquel que pasa. Muchas veces, incluso, he llegado a ver a padres subiendo a sus hijos pequeños para que puedan tocarlo.

Nunca le haría daño a una mosca, pero si me gritas, o bromeando me zarandeas, él enseguida se plantará delante tuyo y te ladrará. No te morderá, pero sí te dirá: “Es mi amigo, ni se te ocurra volver a hacerlo”.

Nacho no es de raza. Es adoptado de una perrera. Y es jodidamente precioso. Es guapo, y además, como he dicho antes, muy inteligente.

Así que por favor, si estáis pensando en comprar uno de esos perritos que caben en un bolso, y queda monísimo en casa, o uno de esos grandes perros de raza que salen en toda serie de chicos con grandes coches y aún más grandes egos, no lo hagáis. Debéis saber que esos perros de raza y Pedigree® están bien cuidados, no les faltará de nada.

En cambio, en la perrera pasan hambre, porque las subvenciones que reciben no dan para todos, pasan frío, y están mucho más necesitados de cariño y afecto. Además, y sabéis que no me duele levantar polémica, son mucho más agradecidos y cariñosos. Porque no son tontos, porque tienen gravado en el cerebro que han sido abandonados, y que tú les has dado una segunda oportunidad. Porque se la merecen. Porque se la han ganado con sudor y sangre, literalmente.

Si quieres un perro, no lo dudes: no compres y adopta.

No leas y cierres, pásalo y enseña.

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Contigo no, bicho

Dice mi madre (le encanta cuando lee mis artículos, y ve que la he nombrado) que hay dos tipos de humanos; la gente, y las personas.

Dejando a un lado lo que tenga que decir la RAE,  llama gente a esos humanos que pasan por tu vida de puntillas, sin hacer ruido, y como el aceite, por encima. No dejan huella, ni buena ni mala. No enseñan, no imparten, no besan, no lloran… gente.

Como personas, en cambio, entiende a aquellas personas que llegan a hacer una hoguera en nuestra cueva. Hacen ruido, nos aman, nos  odian, nos lloran, nos riñen… ya sea para bien, o para mal, pero dejan huella.

El principal problema, sin embargo, es cuando esta huella puede llegar a ser irreparable.

Llegan a tu vida, hacen ruido, festejan, pero luego se van, sin recoger los platos, sin fregar la cocina, sin hacer las camas… y además sin tirar la basura. El resultado, un corazón roto, y tú con la cara de gilipollas.

Decía Jorge Bucay en uno de sus tantos (y perfectos) cuentos, que una persona que te ama, siempre te evitará una noche de dolor, de tristeza y de llanto. Si pudiendo hacer eso, si pudiendo evitarte esa angustia, no lo hace y lo permite… no busques sustantivos, ni excusas, ni conceptos, simplemente… no te ama.

Ubica y visualiza tu vida como un jardín.
¿Qué tiene ese jardín? Seguramente tendrá mucha luz, con flores preciosas, incluso árboles… no importa el tamaño, es tan grande como tú quieres que sea. Puede tener hasta cascadas.

¿Te lo imaginas?

Abres la puerta de tu salón, te diriges a tu jardín. Abres la puerta y una inmensa luz te inunda. Es sana, pura, te ayuda, te comprende, te mima… Grandes cascadas, las plantas más bonitas y delicadas del mundo, el clima perfecto…

Ahora imagina que ese jardín es tu interior. Tus valores, tu fuerza, tu confianza, tu imagen de ti mismo, tus virtudes, tus defectos perfectos, tus errores perdonados… todo es precioso, todo vale la pena. Todo brilla.

Entonces, abres una pequeña rejilla y dejas entrar a un bicho. Esa pequeña rejilla cede, y ya entran de dos en dos, de tres en tres… una plaga. Empiezan por las plantas y flores. Poco después estas criaturas crecen, y esas flores son poco para ellos, así que atacan a los árboles. Todo esto les provoca sed, y acaban en segundos con las cascadas…

¿Le harías eso a tu jardín?

¿Entonces por qué te lo haces a ti mismo?

No permitas que nadie te trate mal. No entregues la llave de tu jardín a nadie que no vaya a plantar, regar, construir, cultivar… ¡No lo consientas! ¡No des ese poder a NADIE!

Muchas veces, sin saber porqué, nos aferramos a emociones y sentimientos totalmente perjudiciales para nosotros. Seré sincero, hay gente no apta. No quiero decir con esto que haya gente buena, o mala, no voy a valorar esto aquí. Simplemente, por nuestra forma de ser, hay gente que ya sabemos que no es adecuada para nosotros. Nos van a hacer daño. Nos vamos a enganchar a esa historia. Y una vez que entren en nuestro jardín, pueden destrozarlo por completo.

Pueden pisar una flor, y nosotros podremos volver a cultivarla, cuidarla, curarla… Pero también pueden arrancar esa flor, de raíz. Y ahí podremos plantar otra cosa, pero esa flor ya no estará nunca más ahí. Ahora, donde lees “flor“, lee autoestima, valor, confianza, fuerza, amor, seguridad… ¿estás dispuesto a perder algo de esto?

Respétate. Mímate. Cuídate. Huye de aquellas personas y situaciones que ya sabes que te van a perjudicar. Confía en tus instintos, mírate, estás ahí sentado, estás bien… nunca te ha fallado tu instinto, o al menos no te ha ido del todo mal, no dejes de confiar en él.

Cuanto antes nos metamos en la cabeza que YA somos especiales, menos tiempo gastaremos en intentar demostrar que lo somos.

Muchas veces, ante una mala experiencia de este tipo, nos enganchamos aún más a la otra persona. Creemos que debería responder, dar una explicación, echarnos de menos, querernos… y  hacemos a esa persona responsable y dueña de nuestra manera de sentirnos.
Para, coge aire, y analiza la situación desde el otro lado. Esa persona no tiene absolutamente nada de culpa, eres tú quien se ha enganchado a esa historia, a esa necesidad, a ese apego…

Y digo bien, necesidad, porque muchas veces lo que menos nos duele es esa persona. Lo que más duele es esa historia que debería habernos hecho sentir de una manera concreta, debería habernos hecho sentir queridos, especiales… El problema lo tienes con lo que esperabas de la historia, no con lo que esa persona ha hecho.

Así que cierra el grifo. Apaga la luz. Corta el rollo. Si la película es mala ¿qué más da los protagonistas? Es mala, y haciendo énfasis en ese jardín y sus habitantes… Date tiempo, confía en ti, abre tus alas y vuela… ¡A otra cosa mariposa!

A continuación os dejo un cuento escrito por mí. Espero que os guste. Espero que os sirva.

Una vez, una joven princesa recibió la visita de un hada. Esta hada le entregó el siguiente mensaje:

–          El pueblo no te quiere, estás metida en tu castillo, sin salir, sin saludar, desde la lejanía. Tienes que ganártelos. Busca aquello que te hace especial, y muéstralo.

La princesa salió del castillo dispuesta a mostrarse tal y como era, y a encontrar aquello que le hacía especial.
Salió, se relacionó con la gente, habló con ellos, les aconsejó, les abrazó, les ayudó… El pueblo cada día estaba más iluminado, la gente más contenta, hasta las enfermedades parecían disminuir.

Voy por buen camino, aquello que me hace especial tiene que estar por aquí, parece que la gente reacciona – pensó la princesa. Se esforzó en buscar aquello que la hacía especial, luchó, subió montañas, escavó hoyos… cada día estaba más cansada, y con ello, más malhumorada.

El pueblo poco a poco fue perdiendo su luz, su positividad…

Lo estoy perdiendo, me estoy alejando – pensó la princesa. Y mientras pensaba esto, descubrió un gran lago de hielo. Debe estar ahí – se dijo. Y sin pensárselo dos veces, se lanzó al río.

No tardó en congelarse. No tardó en morir.

Años después, un joven viajero llegó a aquel pueblo. Todo era polvo, suciedad, basura y pena. Se encontró con una pequeña anciana que buscaba comida entre los despojos y cicatrices de la ciudad.

–          Disculpe señora ¿podría decirme qué ha pasado aquí?

La anciana le contó la historia de la princesa congelada, ante los ojos atónitos del joven viajero.

–          ¿Entonces, qué era aquello que le hacía especial?

–          Su sonrisa. Pero desgraciadamente, ella era la única que no lo supo ver.

Óskar Blázquez

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Cuando la ignorancia mata

Recuerdo la primera vez que lo vi.

Tan guapo, tan seguro, tan sonriente… sonriente, esa sonrisa me hizo despertar de mi estado de borrachera. Sólo tenía ojos para él. Tenía que hablar con él. Tenía que saber su nombre. Pero yo era tan tímida… afortunadamente, también soy guapa, y él enseguida puso esos ojos azabaches sobre mi espalda desnuda.

Se acercó, y me saludó. Luego se acercó y me invitó a una copa. Se acercó y me besó. A las tres horas, estábamos en su casa. Besándonos, agarrándonos, desgarrándonos. No había nadie más. Estábamos tan borrachos. Estábamos tan cachondos. Éramos tan fuertes juntos…

A los tres días no supe nada más de él. Desapareció de mi vida. Así que decidí tomármelo con calma y madurez. Era otro polvo más ¿qué importaba?

Durante los siguientes años, seguí con mi vida. Seguí conociendo a gente, rollos, polvos, novios, casi un matrimonio…

Un día, un amigo me dijo que le acompañara al médico. Tenía pánico a los médicos y a las agujas, y necesitaba hacerse un chequeo. Le acompañé, y además, me animé. Yo también me hice uno.

Algo salió mal.

Lo recuerdo todo como si fuera ayer.

Volví a hacerme los análisis, pero esta vez me hicieron ya no sólo muestra ordinaria de sangre, también de plaquetas, mucosa, orina, cardio… algo iba mal, y no sabían qué.

Dieron con la respuesta a los pocos meses.

Tenía el SIDA.


Cuando me lo dijeron, lo único que pensé es que no podía ser verdad, algo iba mal. Repetí las pruebas, las llegué a repetir hasta trece veces. No falló ninguna. Tenía el SIDA.

Con el tiempo llegaron los mareos, náuseas, las lesiones en la boca, llagas, dolor de garganta, diarreas, mi atrofia muscular…

Hoy, me he vuelto a acordar de ese polvo de una noche.

Ni siquiera preguntamos por el condón, cuando, posiblemente, tendría alguno en la mesilla de noche.

Pero mi pánico va más allá ¿y si él no sabe que lo tiene? ¿Y si más mujeres se han visto afectadas? Yo, muy posiblemente, también lo habré pasado a otros… siempre piensas que le pasa a otras personas, sabes que es una realidad, pero tú te ves tan joven, tan guapa, tan segura… lo ves a él tan fuerte, tan varonil, tan sano… Parece imposible… pero no lo es.

Desde entonces, apoyo a mis amigos a hacerse las pruebas, y a evitar, por todos los medios, realizar sexo sin precaución. Porque mata.

Me dicen que la medicina ha evolucionado, y que puedo tener un buen estilo de vida. Estoy de acuerdo. Pero también hay otra realidad, el SIDA me va a matar. Tardará diez años más, veinte… pero un día moriré de un cáncer, de una bajada en las defensas… y eso lo provoca el SIDA, que me está dejando sin fuerzas.

Ojalá hubiera tenido cabeza…

Ojalá hubiera utilizado el condón…

¿Qué es el SIDA?

Las siglas SIDA significan: Síndrome de inmunodeficiencia adquirida

El SIDA es una afección médica. A una persona se le diagnostica SIDA cuando su sistema inmunológico es demasiado débil para combatir las infecciones.

Desde que el SIDA se identificó por primera vez a comienzos de la década de los ochenta, un número sin precedentes de personas se vieron afectadas por la epidemia mundial de SIDA. Actualmente, se calcula que hay 36 millones de personas que viven con VIH/SIDA.
¿Qué diferencia hay entre VIH y SIDA?

Como ya se dijo, el SIDA es una etapa avanzada de la infección que produce el VIH. Por eso, podemos estar infectados por el VIH -o sea, ser portadores del virus- y, todavía, no haber desarrollado el SIDA. Desde que el virus entra en el cuerpo hasta que aparecen los síntomas pueden pasar muchos años (si se realiza tratamiento temprano, más aún). Justamente, la palabra SIDA significa Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida. Es decir que uno ha desarrollado el SIDA cuando presenta un conjunto de signos y síntomas (Síndrome) que indican que sus defensas están disminuidas (Inmuno Deficiencia) porque se contrajo el virus (Adquirida).

Cuando se llega a esta etapa aparecen las llamadas “enfermedades oportunistas”, que se desarrollan aprovechando la caída de las defensas. Las más frecuentes son las afecciones pulmonares, de la piel, y diversos tipos de cáncer. A ello se suman los efectos directos del virus en el organismo, que incluyen trastornos del sistema nervioso y el aparato digestivo. Cuando la persona que vive con VIH desarrolla estas afecciones se la considera enferma de SIDA.

¿Cómo se contagia el SIDA?

El VIH puede ser transmitido de una persona infectada a otra a través de los siguientes fluidos:

  • sangre (incluyendo la sangre menstrual)
  • semen
  • secreciones vaginales
  • de la madre al bebé a través de la leche materna

La sangre contiene la concentración más alta de virus, seguido de semen y de fluidos vaginales.

También podría tranmitirse el VIH por:

  • fluido pre-eyaculatorio (pre-semen)

No hay evidencia que el fluido pre-eyaculatorio transmita el VIH. En comparación con el semen, este fluido no proviene de los testículos, sino de las glándulas seminales. Sin embargo, el fluido pre-eyaculatorio puede contener pequeñas cantidades de semen y glóbulos blancos, que pueden transmitir el VIH. Sin embargo, no se ha podido demostrar que exista suficiente cantidad de virus para transmitir el VIH.

El VIH no puede transmitirse mediante:

  • heces
  • saliva
  • sudor
  • lágrimas
  • orina

¿Cuáles son los síntomas del SIDA?

A una persona se le diagnostica SIDA cuando ha desarrollado una afección o un síntoma relacionado con el SIDA. Lo anterior se denomina infección oportunista o cáncer relacionado con el SIDA. Las infecciones se denominan ‘oportunistas’ porque aprovechan la oportunidad que les ofrece un sistema inmunológico debilitado.

Es posible que a alguien se le diagnostique SIDA incluso si no ha desarrollado una infección oportunista. El SIDA se puede diagnosticar cuando el número de células del sistema inmunológico (células CD4) en la sangre de una persona VIH positivo se reduce a un cierto nivel.

¿El SIDA se puede tratar?

El tratamiento antirretrovírico puede prolongar el tiempo transcurrido entre la infección por VIH y la manifestación del SIDA. Las politerapias modernas son altamente eficaces, y una persona infectada con VIH que está recibiendo tratamiento podría vivir toda la vida sin desarrollar SIDA.

Un diagnóstico de SIDA no necesariamente equivale a una sentencia de muerte. Muchas personas aún pueden salir beneficiadas al comenzar una terapia antirretrovírica, incluso una vez que hayan desarrollado una enfermedad característica del SIDA. También se han desarrollado mejores tratamientos y medidas preventivas para las infecciones oportunistas a fin de mejorar la calidad y el tiempo de vida de las personas infectadas.

El tratamiento de algunas infecciones oportunistas es más fácil que aquel que se utiliza para otro tipo de infecciones. Las infecciones tales como el herpes zoster y la candidiasis de la boca, garganta o vagina, pueden tratarse en forma eficaz en numerosos entornos. Por otro lado, las infecciones más complejas, tales como la toxoplasmosis, deben tratarse con equipos e infraestructura médica de avanzada. Lamentablemente, muchas zonas de pocos recursos no cuentan con estos equipos.
También es importante que se proporcione tratamiento para lidiar con el dolor provocado por esta infección, el cual es experimentado por todas las personas que se encuentran en los niveles avanzados de la enfermedad.

¿Hay cura para el SIDA?

Inquietantemente, muchas personas creen que hay una ‘cura’ para el SIDA, lo que los hace sentir más seguros y correr riesgos que no correrían de cualquier otra forma. No obstante, todavía no hay una cura para el SIDA. La única manera de evitar la infección es conocer cómo se transmite el VIH y las formas de prevención.

 
Brindar ayuda a un afectado

En las etapas posteriores de la infección, el infectado necesitará cuidados paliativos y apoyo emocional. En muchas partes del mundo, los amigos, la familia y las organizaciones de lucha contra el SIDA proporcionan cuidados en el entorno doméstico. Éste es el caso en países con alta prevalencia de VIH y sistemas de salud colapsados.

El cuidado en la última etapa de la enfermedad se vuelve necesario. En esta etapa, la preparación para la muerte y el debate abierto acerca de si la persona va a morir, a menudo, contribuye con el tratamiento de determinadas cuestiones problemáticas y la garantía de que se respeten los deseos finales de la persona.

Debemos recordar, ante todo, que el sexo es una de las actividades más sanas psicológica y físicamente para el ser humano. Hazlo con amor, sin amor, con uno, o con cuatro… pero hazlo con cabeza y con respeto.

El hecho que conozcas a una persona, no quiere decir que debas tener relaciones sexuales sin precaución. Conoces a esa persona, pero no conoces su “red sexual”. Es decir, esta persona puede tener relaciones sexuales con un conocido, pero este conocido podría haberlo hecho con alguien que anteriormente lo hizo con otro que mantuvo relaciones sexuales con alguien que desconocía que tenía SIDA ¿Lo entiendes?

No es lo que esa persona haga contigo, es lo que esa persona ha hecho anteriormente.

Sobre todo, y ante todo, no me gustaría crear una especie de alarma ante el sexo. Hazlo con naturalidad, sin miedo, sin tabúes, pero protégete. El sexo debe ser divertido, sano, romántico o salvaje, pero no peligroso.

Otro tema ya tratado que me gustaría recalcar. Nosotros estamos sanos, porque lo hicimos en su momento con cabeza. Debemos tener esa misma cabeza también para la persona afectada.

Es, simplemente, una persona con una enfermedad. Debemos tener ante estas personas una actitud totalmente natural e igualitaria que al resto de la gente. Simplemente debemos tener en cuenta los medios de contagio (sangre, semen…). Podemos darle el mismo cariño, abrazos, besos… sin correr ningún tipo de peligro. Porque lo necesitan. Porque debemos ayudar a no estigmatizar esta enfermedad.

Por último, me gustaría recordaros que en toda España hay centros donde, de forma anónima, pueden hacerte la prueba del SIDA, donde te dicen a las pocas horas el resultado. Es totalmente fiable. Es totalmente necesario.

A continuación os dejo un link donde explica las zonas de toda España donde realizan estas pruebas. Yo hace, exactamente, menos de un año que realicé estas pruebas, acompañando a otros amigos para hacerla.

Pasa el mensaje. Corre la voz. Acompaña. Aconseja. No dejes que la ignorancia mate.

¿Dónde puedes hacerte la prueba del SIDA?

http://www.infosida.es/bgdisplay.jhtml?itemname=prueba

Para saber dónde hacerse la prueba del VIH u obtener más información, puede llamar de forma gratuita desde cualquier lugar de España a los siguientes teléfonos:

  • Cruz Roja: 900 111 000
  • 900 Rosa: 900 601 601

También puede consultar un listado de los centros por comunidades autónomas en la página web:  www.cruzroja.es/vih


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