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Archive for 27 octubre 2010

Saltó la libre, y esta vez saltó sobre mierda.

El escritor Fernando Sánchez Dragó acaba de estrenar el libro (no pienso llamarlo obra, ni novela, discúlpenme), “Dios los cría…”, en el cual narra sus conversaciones y principales preocupaciones con su colega y amigo Albert Boadella. Entre esas preocupaciones, ocupan un lugar prioritario las mujeres, la política y los toros. Ambos defienden sin tapujos la fiesta nacional, sin entender que haya gente que quiera enterrarla para siempre, de una vez por todas.

Como todo producto que se quiera vender, tiene que venir acompañado de su polémica. En este caso, la polémica se presenta en el momento en el que donde dijo “mujeres”, en realidad quería decir “niñas”.

En la página 164 de dicho libro, encontramos la siguiente afirmación de Sánchez Dragó: “En Tokio, un día, me topé con unas lolitas, pero no eran unas lolitas cualquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rímel, tacones, minifalda… Tendrían unos trece años. Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse. Mientras una se iba al váter, la otra se me trajinaba”.

Las reacciones no se han hecho esperar. Asco, asombro, decepción y enfado han sido las emociones y sensaciones más encontradas. El macho alfa, por su parte, no ha hecho caso a estas quejas, la mayoría de mujeres y lectoras, y ha querido crear calma y saber estar a su alrededor.

No le ha durado mucho, ya que en el momento en el que el Comité de Empresa de Telemadrid, recordemos, cadena para la cual trabaja Sánchez Dragó, ha pedido la cabeza del escritor, éste ha publicado en su página web una respuesta más extensa a través de un comunicado, donde expresa que todo fue “inocente y amistoso. Apenas hubo contacto físico: cogernos de la mano, mirarnos a los ojos, algún beso furtivo en la mejilla… A eso me refería con lo de trajinar, no a lo otro”. En cuanto al tema de la edad, responde: “Todo el mundo en Japón parece mucho más joven de lo que es y aquellas chicas no eran a excepción a la regla”.

¡¡Y se queda tan ancho!!

Vayamos por partes. Primero de todo, me gustaría recordar que un acto de pedofilia no es solo y únicamente cuando existe penetración por parte del adulto hacia el menor. Afortunadamente, no es únicamente así, hablamos de pedofilia cuando encontramos personas, por lo general hombres, a quienes les gusta, anhelan o tienen preferencia por tener, adquirir, o contratar servicios sexuales con preadolescentes, niñas y niños.

Y como bien sabemos, acto sexual no es simplemente meterla y sacarla, es mucho más amplio que eso.

Por otra parte, me gustaría preguntar al escritor si tiene alguna hija, sobrina o familiar de 13 años. Me gustaría saber su opinión si algún día un hombre igual de adulto, irrespetuoso y asqueroso que él le dijera: “Pero no ha sido nada, sólo nos hemos tocado un poco, nos hemos dado unos besos, y hemos estado en la cama¿Lo verías igual de inocente?

Y voy más allá ¿qué pasaría si estas declaraciones las hiciera una mujer?
Sería una guarra, una desesperada, una enferma, una asquerosa… y muchos de vosotros diréis “Pues igual que Sánchez Dragó”, si, pero seamos sinceros, el 100% de la población española condenaría a una mujer por tener relaciones con menores, yo entre ellos, mientras que habrá algún que otro troglodita que, mientras agarra con una mano la cerveza y con otra los cojones, piense: “Este tío es mi ídolo”.

A este grupo de ancestros del homosapiens le pregunto exactamente lo mismo: ¿Y si fuera tu hija? ¿Seguirías forrándote la carpeta y el orgullo masculino con fotos de Sánchez Dragó?

De todas formas, hay algo que no me cuadra, en el libro se narra que subió a la habitación con ellas ¿Para qué? ¿Para mirarles a los ojos?Las putas se pusieron a turnarse¿En qué? ¿En darte la mano?Mientras una iba al baño, la otra se me trajinaba ¿Qué otro significado quieres utilizar aquí?
Yo te facilito el trabajo, “buen hombre”. Si tenemos en cuenta al diccionario de la Real Academia Española, “trajinar” tiene los siguientes significados:

1.       Llevar mercancías de un lugar a otro. (¿Seguro que quieres meterte en ese lío, Dragó?)

2.       Andar de un lado para otro, trabajando o realizando alguna tarea. (Teniendo en cuenta que estabas con dos niñas de 13 años, me pensaría dos veces usar este significado)

3.       Mantener relaciones sexuales con alguien (¿Bingo?)

Sea en lo que sea que te quieras amparar, te recordaré que eres escritor, y eso de conocer el significado de las palabras es, o debería ser, lo tuyo. Y si no, te aconsejo un dicho que dice mi madre, que aunque no es escritora, es muy sabia: “Más vale callar y pasar por tonto, que hablar y demostrarlo”.

Si no sabes algo, simplemente, cállate Sánchez Dragó.

Y ya para rizar el rizo, cuando le preguntan que porqué escribió, firmó y publicó esas publicaciones, contesta: “Porque si es delito, ya ha prescrito”. No sé a vosotros, pero a mí me suena a “me cubro las espaldas, por si se me cae el mundo encima”.

Por otra parte, y ya para acabar de darle protagonismo a este personaje, leo, atónito, como un grupo de periodistas, a la hora de presentar este libro, o grupo de folios escritos con tonterías y sandeces, expresa lo siguiente: “[…] dos personalidades de nuestra cultura, es una experiencia enriquecedora y no puede dejar indiferente a nadie.[…]

Desde luego indiferente no ha dejado a nadie, y si defender el mundo de los toros, el cachete en el culo, y este tipo de relaciones con menores es cultura, señores, desde hoy ¡soy inculto!

Finalmente, en un alarde de soberanía, rencor y prepotencia, Dragó se pregunta: “¿Quién está libre de pecado en estas cosas?” Y a mi me gustaría responderle: En estas cosas, tú no estarás libre de pecado, pero yo nunca he cometido este tipo de pecados, y tiro piedras que es una maravilla. Porque puedo y porque debo.

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Mujer y cojones

Todo empezó el día 2 de noviembre de 2009. Cerca de la calle Panueva de Tafalla, María Pilar Rubio decidió que no podía seguir con ese estilo de vida. Tras una discusión con su marido, José Antonio Gil Silva, de 77 años, María Pilar no aguantó más, y, cuchillo en mano, acabó con el marido que prometió cuidarla y respetarla.

Fue la propia María Pilar quien decidió llamar a la policía y denunciar lo ocurrido. Hasta aquí nada sorprendente, desgraciadamente. Lo curioso ocurrió cuando, una vez María Pilar estaba ingresada en la cárcel, sus hijos, uno por uno, testificaron que lo hizo en defensa propia, ya que estaba harta de recibir las continuas palizas de su marido.

María Pilar lo explica así: “A raíz de la marcha de mi hija de casa, empezó  a meterse con mis padres, con mis hijos, decía que le habían arruinado y yo le contesté“, aseguró la procesada en el juicio. “Me la empezó a liar y pasó a otro nivel. Al ver que le respondía, tiró la silla contra la pared y vino a por mí, a agarrarme del cuello mientras decía: No me extraña que haya hombres de 70 años que maten a sus mujeres“. La acusada pensó que esa vez “era la definitiva” y le dijo al fallecido: “No se te ocurra ponerme la mano encima“, recordando antiguas palizas.

Un jurado popular compuesto por ocho hombres y una mujer juzga desde ayer a María Pilar Marcos Rubio, de 64 años. Ante todo esto, el juez sólo opina lo siguiente: “Si todo esto es cierto ¿por qué no denunció?”. Pues bien, desde aquí me gustaría contestarle a este señor. No denunció porque no es fácil, porque da miedo, porque no sabes qué va a pasar después, porque no quieres ser una “pobre mujer que se deja pegar” a los ojos de todos, porque es el padre de tus hijos, porque le quieres, porque crees que te quiere… y por muchas otras razones que ni sabemos, ni entendemos, porque afortunadamente no estamos en su piel.

Otro de ellos, opina que debe ir a la cárcel, ya que la mujer reaccionó “de forma desproporcionada” durante una discusión con su marido ¿Desproporcionada? Los hijos de María Pilar han ido a testificar al juicio, y ninguno de ellos le quita la razón a su madre. Una de las hijas, decía: “Me he criado en esa casa escuchando cada día ¡cállate!, eres inútil, guarra”. Otro de ellos decía: “Eran habituales las palizas de mi padre a mi madre”.

En lo que llevamos de año, ya han aumentado las víctimas mortales respecto al año pasado. No podemos imaginarnos, ni podremos nunca, qué pasa por la cabeza de una mujer cuando se siente insultada, vejada, humillada, traicionada… palizas, gritos, insultos, faltas de respeto delante de tus propios hijos, de tus amigos, de tus padres… moratones, huesos fracturados, muebles destrozados… coged todas esas emociones, esos insultos, esas sensaciones de miedo, pena y asco, y multiplicadlas por cada día, durante más de 44 años ¿Creéis que la reacción de María Pilar ha sido “desproporcionada”?

Pues bien, igual aquí muchos de vosotros os vais a llevar las manos a la cabeza, pero yo creo que no era desproporcionada, era necesaria. Obviamente, no hace falta ni decirlo, lo primero que tienes que hacer, SIEMPRE, es denunciar. La segunda, huir. Pero por favor, seamos críticos con nuestro sistema judicial, con nuestro propio estado que debería defendernos y velar por nosotros.

Orden de alejamiento. Hoja firmada. Defiéndete con eso. Hasta a mi me hace reír.

Repito, denunciar siempre tiene que ser la primera opción. Pero sí que es cierto, que en mi interior, cuando veo a una mujer defendiéndose de un maltratador, no puedo evitar alegrarme, y gritar en mi foro interno: “¡Olé!”. Porque si. Porque se tienen que defender cuando no tienen opción. Porque si te va a matar, lo último que tienes que hacer es bajar las orejas y esconder el rabo. Tienes que defenderte. Y el estado, ante todo, debe evitar que se llegue a esas situaciones, pero si se llegan, deben amparar a esas mujeres. Leyes más duras contra los maltratadores. YA.

Muchos no estaréis de acuerdo conmigo, y sabéis que soy al primero al que le gusta leer opiniones diferentes. Pero con este caso, más de un maltratador sintió miedo al pensar “Ese podría ser yo, me puede matar”, y más de una mujer callada y maltratada sintió valor al pensar “Esa podría ser yo, me puedo defender”. Y eso me gusta.

Mientras tanto, la acusada recuerda como, al ocurrir todo aquello, se preguntaba en voz alta “¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?” y desde aquí me gustaría responderle: ¿Qué has hecho? Has salvado tu vida.

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Hoy es una de esas entradas que sé, por vuestros mensajes y comentarios, que os gusta, una de esas donde me pringo, donde me pongo como protagonista de la historia y doy mi sincera opinión.

Estoy paseando por Barcelona, viernes 22 de octubre. Está siendo, como muchos sabéis, una de mis semanas más difíciles. Con diferencia. A mi espalda estos días, mil “perdones” por mis salidas de tono debidas al estrés, borderías varias, emociones a flor de piel…
Voy camino al encuentro con unos amigos para comer. Mi clase de natación ha acabado pronto, así que alzo la vista, y veo una cafetería, “Baobab”.
Como muchos sabéis, un baobab es un gran árbol típico de países africanos. Otros, en cambio, relacionamos ese “baobab” a un libro, a un personaje, a alguien que ha marcado nuestras vidas, a un “Principito”.

Tengo tiempo, así que no lo dudo ni un momento, entro. Dentro, unos sofás te invitan a sentarte y pedir un café, mientras, en lo alto, una estantería llena de libros, y al lado, una guitarra ¡Debo estar soñando!
Suena mi teléfono. Es un amigo y compañero de carrera, penas, risas y alcohol. Le cuento dónde estoy, y cuál es mi plan para ese día (voy a hacer algo que no sea trabajar, es digno de contar). Le enumero uno por uno al grupo de amigos con el que me voy a encontrar a mi salida del Baobab (ahora, ya, “mi Baobab”). Un nombre le llama la atención.
– ¿No es tu ex?
– Aha… – me lo veo venir.
– Uy ¿me he perdido algo? –¡Bingo!
– No, no te has perdido nada, somos amigos, de hecho, hace más de 4 años que somos SOLO amigos.
– Ya, eso decís todos…
– Además, está conociendo a otra persona, y me parece genial, de verdad. Llegas tarde a este tema.
– ¿Muy tarde?
– ¡Como cuatro años!
– ¿Y tú qué? ¿No te casamos? A saber qué defecto tan grande debes tener para seguir soltero.
– ¡Cabrón! Te dejo, es el primer momento en toda la semana que estoy sentado con un libro en mis manos que no tiene nada que ver con el trabajo.

Entonces pienso, recuerdo, algo viene a mi mente, aún no recuerdo qué, pero esto lo he vivido antes… y me veo en mi habitación: hago zapping tirado en la cama, entre apunte y apunte, tesis y tesis, resultados y resultados, y veo un programa de “los mejores momentos de la televisión”. En él, aparece la nueva Miss Mundo, una belleza mejicana que, además, válgame dios, está preparada, educada y es inteligente.
Jimena Navarrete (si, tiene otros nombres aparte de “Belleza”, “Guapa” y “Perfecta”) aparecía en un programa muy conocido de América donde participaba en un gag humorístico. En él, ella explicaba cuáles serían las medidas que tomaría para hacer de este nuestro mundo, un lugar más tranquilo, apacible y conciliador. Entre muchas cosas afirmaba “Aparecer sexy y caliente para fomentar la paz”, seguida de otra joya “Dejaré que traigáis el coche a mi casa para cambiaros el aceite”, no hay dos sin tres “Darle al mundo lo que necesita, un nuevo perfume de famosa”… ya tenía el mando preparado para pasar a otra cosa, cuando llegó la siguiente afirmación/aberración: “Traer paz, equilibrio y amor a la vida sentimental de Jennifer Aniston”.

Ojeo un poco Internet, y entre otras cosas leo “¿Qué le pasa a Chenoa?” Voy directo a ver qué ha podido pasar para salir en portada de un periódico digital, y me asombra ver, indignado, como la preocupación principal de dicho periódico y periodista (¿Soy yo, o a este paso será una de las profesiones más degradadas en España?) es averiguar cuál puede ser su principal defecto, su talón de Aquiles, para seguir a su edad, atención lectores, soltera. Ella se defiende: “Soy una mujer fuerte e independiente, de momento no tengo porqué basar mi tiempo y mi felicidad en un hombre”, ellos le responden: “Pobrecita ¿qué problema tiene?”.

Días después la noticia del divorcio de Christina Aguilera, uno de los matrimonios más sólidos, discretos y estables de Hollywood, colma las páginas de internet. Otro periódico digital (hago hincapié en “otro”) sentencia: “Christina Aguilera vuelve a ser soltera ¿volverá a las faldas cortas después que su marido le iluminara el buen camino? [copia literal]”

Como os imagináis la lista es muy larga, mi paciencia no.
Se supone que estamos en la sociedad de la libertad de expresión, del “todo vale”. Estamos en el momento histórico donde menos tabúes sexuales existen, y sin embargo, seguimos atados a viejos estereotipos estúpidos, y además, machistas.
Si una mujer está sola, debe tener un grave problema, o un carácter de mil diablos, o ser una “guarrilla”… si es un hombre, la cosa cambia, es un “soltero de oro”. Jennifer Aniston está loca, debe ser una borracha, debe ser una mujer difícil… George Clooney, un caballero, quién lo pillara… Señores ¡vive con un cerdo como mascota y dice que es su novia! Y aún así, los tabloides dicen “Quien fuera cerdo”. Ya lo están siendo, caballeros.
Ellas, piezas a cazar, ellos, trofeos que conseguir. Ambos solteros y estigmatizados a los ojos del amoroso y azucarado mundo en pareja.
Y a todo esto, yo me pregunto ¿alguien se ha parado a pensar que quizá Jennifer Aniston es la mujer más feliz del mundo, y se ha quitado un peso de encima? ¿O si Chenoa tiene una vida sexual plena? ¿O a George (George Clooney para el resto) si necesita a una mujer colgada de su brazo?

Dije que me mojaría, y pienso hacerlo. Harto estoy de los “Óskar ¡que no te casamos!”, pasando por los “Al Óskar nadie lo caza, es una bala perdida”. Pues bien, ni me voy a “dejar cazar”, ni estoy preparado ahora mismo para el matrimonio, ni muchísimo menos me considero una bala perdida. Y ya ni pienso entrar en el “Con ese carácter, cualquier te aguanta”, porque, desde luego, mi idea de pareja está muy lejos de la idea que alguien tenga “que aguantarme”.

Luego llegan esas cenas donde te juntas con amigos, conocidos, gente a la que aprecias, y gente a la que esperas no volver a ver, y rápidamente empiezan a surgir las historias, lo bien que se está casado, lo feliz que les ha hecho el amor, lo mucho que les ha cambiado la otra persona… y más de uno no puede evitar mirar con aire de superioridad al resto de solteros, seguramente ya borrachos, y sonreír con orgullo.
Luego es el turno de los solteros, y todos nos contamos nuestras citas, nuestras nuevas experiencias, aquél chico que conocí en el metro, aquélla chica que me sonrió en el mercado… y el primer enamorado se queja:
– ¡Qué envidia me dais!
Tú sonríes, mientras piensas: “No se puede tener todo, guapo”.

No estoy juzgando, desde aquí, a esas parejas que basan su felicidad en el amor, en la vida en pareja, en tener una casa, y pasear por la orilla del mar con sus tres hijos y su perro, más grande que todos ellos juntos ¡En absoluto! Estoy juzgando a “ese” tipo de personas que creen que una persona no puede ser feliz si no es en pareja, y que, por tanto, si eres soltero tienes alguna tara, o bien algún problema hereditario que te permite relacionarte con los demás.
Esto trae diferentes problemas, y, psicológicamente hablando, provoca una unión de conceptos y valores erróneos y desorganizados. Como, por ejemplo, la idea que sólo se es feliz si se vive en pareja ¡Error! De hecho, esto provoca que mucha gente se enamore de “estar en pareja”, no de “su pareja”, creando así una cortina de humo. No quieres a la persona por lo que es, quieres a la persona por la imagen que te está dando, la pieza del puzzle que crees que falta.

No voy a hablar por todos los solteros, hablaré por mi ¡Claro que me encantaría encontrar a esa persona especial! Crear unos proyectos juntos, sueños juntos, construir cada día una vida en pareja, en valores, en amores, pasiones… La diferencia es que no vivo para encontrar a esa persona, y, mientras aparece, los solteros nos dedicamos a vivir, a ser felices, a conseguir metas, etc. Obviamente, esto no es exclusivo de los solteros, repito, no estoy haciendo un: solteros contra casados. Estoy haciendo un: solteros contra gente que cree que el resto de población que no tiene sus ideales y forma de vida, es infeliz.

Otro concepto equivocado: la gente soltera no sabe disfrutar del sexo, porque el sexo con amor ¡es mucho mejor!
A eso, sencillamente, no voy ni a contestar. Primero, porque prefiero sexo con amor. Segundo, porque en absoluto es comparable. Tercero, te lo explicaré con el siguiente ejemplo:
Imagina que estás bebiendo una botella de agua fría, con hielo, y una rodaja de limón. Aparece una persona que viene de trabajar, en pleno Agosto, sedienta por el calor que hace, y pide una botella de agua. Se la bebe como si fuera lo mejor que ha bebido en su vida, de un trago, la disfruta, la siente, la vive. Tú lo miras desde tu silla, y dices “No la está disfrutando, con limón es mucho mejor”. Piénsalo ¿en serio crees que no la está disfrutando?

No se pide que se entienda, sólo que se respete. La soltería no es un lastre, es una situación, un estado.
Sé lo que es estar en pareja. He llegado a estar años en pareja, y he llegado a estar enamorado como un tonto, he probado lo mejor y lo peor del amor. Sé lo que es estar años en el bando del amor en pareja, y años en el bando de la soltería. Si esperáis que diga qué es mejor, o qué es peor, no lo haré. Porque, como todo, tiene su lado bueno, y su lado malo.

Llego a la cita con mis amigos. Nos saludamos y nos ponemos al día. Todos hemos tenido una semana de trabajo atroz. Sólo tengo que mirarles a la cara para saber lo que necesitamos, unas charlas, unas risas, hablar de cosas sin importancia, sentir que estamos juntos, y que las cosas van y vienen, pero los amigos se quedan.

Hacemos un brindis. Y recuerdo que, en breve, mi tiempo en el paraíso se ha acabado.
– ¡Quiero quedarme aquí y no ir a trabajar! – me quejo.
– ¡Quiero que Óskar llegue tarde!
– ¡Quiero que llegue el sábado para nuestra ración de vino blanco!
– ¡Quiero follar!

Todos nos miramos. Todos nos reímos. Yo pienso: Joder ¡cómo me gusta ser soltero!

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Podemos definir “comunicación” como medio o forma por la cual se transmite información de una entidad o persona a otra. Como bien sabemos, este mensaje se dirige de un emisor a un receptor a través de un medio, que puede ser bien verbal o no verbal. Hasta aquí no hay ningún problema.

También podemos afirmar que hoy en día, en la época del iPhone y el Facebook, esta información puede venir de un número mayor de medios, que antes se resumían, básicamente, en “personas”, “escuela” y “trabajo”. Ahora estos mensajes provienen no sólo de nuestro círculo y nuestro trabajo, la sociedad también se encarga de marcar mensajes claros, internet, la música, la radio, el cine… y la moda.

Sería injusto no reconocer que la moda, muchas veces, dedica sus ganancias económicas a fines solidarios, como los centros terapéuticos de mujeres maltratadas, o la construcción de escuelas y hospitales de los países pobres. Y eso es algo que está ahí, y es digno de aplaudir. Pero lo que no podemos permitir es que mediante esas acciones, callen el mensaje que están dando, un mensaje poco sano, sexista, elitista y mortal.

Para muchos de nosotros, afortunados, ver a esos percheros desfilando, con miradas vacías, pelo lacio, piernas rozando el hueso de roer, y caras más propias de un cadáver que de una mujer de 17 años es algo intolerable, pero no nos afecta. Pero no podemos dejar atrás a esas personas que al ver eso no pueden evitar sentirse mal, asqueadas por su propia imagen, y soñando y fantaseando, una vez más, con parecerse a esa modelo, a esa actriz, a esa cantante… sin saber que están fantaseando con la muerte.

Aún así, uno podría ver esas imágenes y no sentirse mal, ser capaz de ver que esa modelo, cantante, actriz… está extremadamente delgada, y que un par de kilitos no le harían ningún mal. El problema no es ese. El problema es más grave. El problema viene cuando ese mensaje viene de nuestras calles, de nuestras tiendas, de nuestro día a día…

Imagínense que entramos en una tienda de ropa y pedimos unos pantalones de una talla 42. Según que establecimientos, según que ropa, nos mandarán directamente a por una talla Larga/Grande ¡¡Una 42 talla grande!! ¿Estamos locos?

Esto nos pasa a muchos, y nos vamos de la tienda igual que hemos entrado. Pero no nos engañemos, muchas mujeres y niñas (hombres y niños) salen de esas tiendas completamente destrozadas, con ganas de arrancarse sus propias carnes, literalmente, ganas de meterse en la cama y no salir nunca más. Se sienten no deseadas, no aceptadas, no queridas, por un mensaje que se encargan de meternos entre piel y cerebro “Estás gorda, y, además, eso no es aceptable”.

Muchos pueden pensar que esto sólo afecta a la vida sentimental y/o afectiva, “Estoy gorda, y no ligaré”. Nada más lejos de la realidad. Este sentimiento se expande por todas las secciones de nuestra vida. Vergüenza a la hora de ir a comprar el pan, pánico a la hora de ir a hacer una entrevista, miedo cuando estás en un restaurante comiendo… es un machaque continuo que la persona vive 24 horas al día, completamente las 24 horas, ya que cuando se va a dormir, se lleva esta idea también a sus sueños. Perdón, pesadillas.

La cosa se nos va de las manos:

  • Hace unas horas ha salido a la luz una entrevista a un famoso doctor de neurología que afirmaba que, en su centro de trabajo, han llegado niñas con problemas de anorexia… con 11 años ¡¡11 años!!
  • En 2 años el número de menores de 16 años con problemas alimenticios ha aumentado en un 12%.
  • Un niño de 15 años se suicida al no poder soportar más las críticas e insultos de sus compañeros de clase por su peso.

Así podría llenar una lista de 2 páginas, por delante y por detrás. Es obvio que poco podemos hacer desde aquí con esas personas, aunque mucho podemos hacer por los que nos rodean.

Normalicemos las curvas. No todo el mundo tiene que tener el buen trasero de Beyoncé, o los brazos más grandes que el tronco. La belleza es tan relativa como ojos hay en el mundo, ya lo dice el dicho “Para gustos, colores”.

No señalar. Personas con sobrepeso, “entraditas en carne”, “rellenitas”, hay muchas, así también como personas muy delgadas, “esqueléticas” porque su constitución así lo manda. Sea como sea, no critiquemos, no estigmaticemos.

Valórate. Valórate por lo que eres, por lo que haces, por quién eres, porque la gente te quiere tal y como eres, no por tus medidas ni por cómo te queda la ropa. Recuerda qué es lo que te hace especial, en qué cosas eres buena, qué cosas quieres aprender, y sobretodo, empieza a darle a las cosas la importancia que realmente tienen. Recuérdate este mensaje, recuérdalo a los demás.

Extiende el mensaje. Hace tiempo, en una entrevista a la cantante Chenoa, decía: “Fui a una tienda de ropa, pedí unos pantalones de mi talla y me dijeron que no tenían tallas tan grandes, le contesté: “¿A esto llamas tallas grandes? ¿No tenéis de mi talla? Quiero que sepas que tienes suerte que soy yo, y no me importa una mierda si en esta tienda no hacéis mi talla, pero que sepas que esto se lo dices a otra persona y le destrozas la vida, gilipollas.” Seguramente las formas serán más o menos criticables, pero es el mensaje que debemos expandir “Es una vergüenza que esta tienda no tenga tallas normales, sólo de gente con problemas de salud”.

Eduquemos
. No hace falta decir que la educación tiene que darse desde la cuna. Eduquemos a los más pequeños a quererse y respetarse por lo que son, a ver más allá de una cara bonita o un buen culo, a no señalar y reír, sino a mirar y comprender, a integrar, no a apartar.


Ayuda y colabora.

Cuando una persona empieza a sentirse mal cuando se ve en el espejo, cuando no puede comprar según qué tipo de ropa, cuando no se acepta, no se valora… es importante estar a su lado, hablar con ella, escucharla, comprenderla, mimarla… ayudarla a que poco a poco vaya cambiando su visión de sí misma.

Pero en el momento en el que la persona empieza a ver la salida en dejar de comer, vomitar, hacer más ejercicio del que su cuerpo puede resistir, no dormir, desayunar agua, comer zumo, cenar pan… cuando a la persona, en definitiva, se le va de las manos la idea de lo que es sano de lo que es mortal, tenemos que buscar ayuda, un psicólogo, un médico, un doctor… a la mínima sospecha, al primer susto.

¡También es tu responsabilidad!
Aquí os dejo un teléfono de ayuda, pero como éste, podéis encontrar miles y miles desde los cuales os pueden orientar, u os pueden asesorar centros: 91.740.00.19

Quizá no podemos cambiar el mundo de golpe, pero lo que sí que podemos hacer es mejorar “nuestro mundo”. Somos bellos porque nuestra gente nos hace ser bella, somos grandes porque hacemos cosas grandes, porque somos capaces de llorar, reír, sentir, perdonar, amar, jugar… Lo último que necesitamos es que una tienda nos diga qué somos, y qué deberíamos ser. Recordad la idea:

 

La belleza es tu cabeza.

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Después de la tormenta siempre llega la calma, y es lo que he pensado esta mañana, cuando, a falta de poder ir al gimnasio me he tenido que quedar en casa preparando la vuelta a las aulas, y una reunión para este jueves por la tarde.
Entre todos esos apuntes, test, resultados, anamnesis y eneagramas encontré un ejercicio de 2º de carrera, donde, entre otras cosas, preguntábamos a unos niños de unos 6 años: “¿Qué es lo que te hace feliz?”, y una de las respuestas es: “Cuando me baño con el barco pirata y juego con mi padre ¿No es curioso? A esa pregunta seguramente ni yo sabría contestar, y muchos de nosotros nos quedaríamos pensando qué cosas nos hacen felices, y qué otras cosas tenemos y nos hacen, por el contrario, desgraciados.

Este pensamiento me ha llevado en forma de cadena al siguiente: ¡Cuántas cosas bonitas tenemos a nuestro alrededor y no nos damos cuenta! Cosas sencillas;

¿Te has parado a pensar que la noche que mejor duermes es esa noche en la cual las sábanas están recién cambiadas? Ese olor a lavanda, a limpio, a fresco, a hogar…

¿Verdad que la cama es mucho más cómoda cuando te levantas diez minutos antes de que suene el despertador? ¡Saboréalos! No te quedes pensando “Mierda, me levanto en 10 minutos” Disfruta ese tiempo, da vueltas en la cama, respira, expira, relájate, prepárate.

¿Qué me decís de ese olor a café recién hecho por las mañanas? En mi casa todos nos levantamos a la misma hora, casi, sobre las 7 de la mañana todos estamos arriba. El primero que se levanta, siempre deja café hecho ¡Qué olor! Conozco a gente que no le gusta el café, pero no conozco ni a una persona que diga que es un olor malo. Antes de beberlo a toda prisa, de pie, sin sentarte, mirando el reloj, y corriendo (como suelo hacer casi todas las mañanas), siéntate, huélelo, disfruta el sentido del olfato ¡Es una maravilla!

No podemos olvidar la tradición española por excelencia ¡la siesta! Quién no ha disfrutado alguna vez de esas siestas… Por cierto, a modo informativo, está demostrado que el tiempo perfecto para hacer una siesta son 40 minutos, exactos. Es lo que tarde el cerebro en hacer un “reinicio” completo y perfecto. Menos tiempo lo deja a medias, más tiempo lo deja lento. Pero volviendo al tema, esos días de madrugón, de faena, papeleo, gimnasio, café y café… llegar a casa, comer, y aprovechar ese momento, el tiempo muerto, para tumbarte en el sofá y cerrar los ojos. Un alto en el camino. Un placer para el cuerpo y la mente.

Otro de los placeres diarios, acompañado muchas veces de esas siestas, es cuando me tumbo en el sofá o en la cama, viendo la televisión o leyendo, y mi perro se sube encima para hacerme compañía. Lo miro, y veo como los ojos se le van cerrando poco a poco, su respiración es más tranquila, relajada, y aprovecho para regular mi respiración a la suya. Tranquilos, en calma, en buena compañía.

Llega el invierno, y con él el dichoso frío. Muchos ya preparamos nuestras chaquetas, bufandas y guantes, otros ya se preparan para la vacuna… Y con todo esto, llegan los tan deseados rayos de sol. Los buscamos en invierno como agua de mayo. Hace frío, vas por la calle, y de golpe notas el sol en la cara. Saboréalo. Cierra los ojos, no pienses en nada más.

Volvemos a las aulas aquellos que estamos estudiando, que empezáis a estudiar, o que seguimos formándonos, y con ello las largas horas delante de un ordenador, delante de un libro, el “tic tac” del reloj cuando ves que son las 4 de la mañana y tienes aún mucha faena por delante…  Mi consejo, aprovecha para acompañar esas faenas de una música relajada, que despeje los nervios, que calme los sentidos, para que los procesos cognitivos sean más rápidos y accesibles. Aprovecha para escuchar esa música que, quizá, antes nunca hubieras escuchado, música chill out, música clásica…

Aún así, tampoco necesitamos esos momentos para disfrutar de esa música. Date unas horas a la semana, (yo, por ejemplo, los domingos) para relajarte escuchando ese tipo de música, intenta no pensar, sólo relájate, imagínate en algún lugar que te guste, con la compañía que te gusta, y simplemente: relájate.

A muchos os sorprenderá esta entrada tan rosa y dulzona, acostumbrados como os tengo a entradas más directas y crudas, pero tras la entrada de ayer, y tras la sobreinformación que estamos recibiendo, por una vez, vamos a apartar nuestra mente de tanta manipulación y tanto bombardeo de crisis, manifestaciones, atentados, hambre en el mundo, y vamos a pararnos, relajarnos y coger aire, que como dice una amiga mía: “Romero, romero, romero, que salga lo malo, y entre lo bueno

Muchas gracias.

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Hoy tendría que estar aquí hablando de otro tema… pero no he podido evitar, después del día que he pasado, hablar de otra cosa…

Me acosté ayer por la noche, como siempre, mirando las últimas noticias antes de coger el nuevo libro que me acompaña en mi mesa de noche (“El arte de conducir bajo la lluvia”, recomendadísimo), cuando vi una escena escalofriante. Una mujer paseaba cerca de la acera, cuando un coche la embiste a toda velocidad y la lanza varios metros volando.

Esto es una escena que desgraciadamente pasa a menudo, pero es que después el conductor baja de su auto, y se pone a revisar el vehículo, a mirar si tiene algún roce, rallada, golpe… mientras la víctima queda tendida en el suelo sin conocimiento. Afortunadamente, no fue grave y la mujer está bien. Pero ¿qué está pasando?

Esta mañana he empezado a trabajar en un centro infantil, impartiendo clases de psicomotricidad. Cuando salía de allí, una madre llevaba a su hija del brazo, y no, no se hagan una imagen de enamorados paseando del brazo, la llevaba literalmente arrastrando del brazo, mientras le decía: “¿Cómo **** quieres que te lo diga, *****? No es mi **** problema, si lo quieres hablas con el ****** de tu padre, *****, **** niñata de ******.” Obviamente, he mirado a la madre y le he dicho “Se habrá quedado a gusto ¿verdad?” y he seguido caminando, pero pensando ¿qué está pasando?
Muchos queremos ser padres el día de mañana, y tal y como están las cosas sabemos que va a ser difícil, mientras, otros “padres” se dedican a menospreciar ese regalo, esa oportunidad de criar a un ser humano educado, tolerante, exitoso, amoroso… ¡Qué vergüenza!

Al volver en metro, se ha repetido una de las escenas tan repetidas y acostumbradas ya. Un hombre en silla de ruedas, sólo con una pierna y un brazo. El vaso cogido por la boca, para que la gente pusiera dentro su piedad, ayuda y pena en forma de moneda, y se iba empujando con la pierna y el brazo, agarrándose a los barrotes para impulsarse.
Dos señoras al lado mío. Apestaban a riqueza, soberbia, España antigua y facha, y colonia cara. Una de ellas le dice a la otra: “Esto tendrían que prohibirlo”, la otra contestaba: “Pues sí, qué culpa tendremos nosotras ¡Que trabajen!”, yo pensaba: “¿Os creéis por un segundo que a este hombre no le encantaría trabajar? ¿Pensáis que no sueña cada noche con estar en vuestro lugar, y no en esa silla? ¿Usar vuestro perfume? ¿Vuestro sofá? ¿Vuestra ducha? ¿Vuestro sexo?” Hasta la piedad estamos perdiendo, hasta ese sentimiento de vergüenza e impotencia cuando vemos a alguien peor que nosotros, y nos quejamos de lo mal que nos va ¿Qué está pasando?

Ayer salió la noticia de una mujer, que vive cerca de mi pueblo, donde una mujer, con la excusa de necesitar hacer una llamada, entró en su casa, le dio una paliza que la ha dejado en estado crítico, y le robó todo lo que pudo, dinero, recuerdos, emociones, miedos… La mujer tiene 72 años ¿Qué está pasando?

Tengo una de las vecinas más carismáticas, para lo bueno y para lo malo. Tiene cerca de 80 años, su marido murió hace 17. Cada día, tenemos que ayudarla con la compra, arreglarle la televisión, darle conversación, mimarla, cuidarla… porque sus hijas no pueden cuidarla. Perdón, de hecho, sus hijas viven en el piso de abajo, a 2 minutos de su casa ¿No pueden? No, no quieren ¿Qué está pasando?

Ayer tuve una discusión nada interesante sobre mi trabajo, profesión y carrera. Muchas horas, mucho trabajo para casa, sacrificio… un colega de un amigo mío, que ni me conoce, no lo entendía, y cerraba su “acusación” diciendo: “Con la cara que tienes, ganarías mucho más dinero haciendo esas cosas, que enseñando a cuatro niñatos” Y desde aquí, por cierto, me gustaría contestar: “Igual yo podría cobrar más haciendo otras cosas, pero tú deberías cobrar menos con el cerebro que tienes”. Educar a “cuatro niñatos”, desde luego, me parece mejor faena que vestirte como un maniquí, o criticar la última tendencia de moda, con todos mis respetos. Pero eso de decir que educar es una mala salida profesional… ¿Qué nos está pasando?

*EDITADO: Acabo de ver que en ciertos países se está poniendo de moda las pistolas eléctricas entre los policías. En las noticias veo un vídeo: nueve policías contra un detenido. Lo arreglan a patadas y a descargas eléctricas. Muere de un paro cardíaco. Otro policía se lía a descargas con una mujer… de más de 60 años… muere de un paro cardíaco.

Un hombre secuestra a su hijo, y deja una nota a la madre, diciéndole que no lo volverá a ver nunca más. Al rato, quema la furgoneta… con el hijo dentro

¿Somos tontos? Repito:  ¿estamos ante la especia viva más retrasada del Universo?

Siento esta entrada tan visceral, sé que os tengo acostumbrados a entradas más meditadas y pensadas. Pero necesitaba desahogarlo, criticarlo y denunciarlo ¿Dónde vamos a llegar? ¿Nos estamos volviendo locos? ¿Éste es el mundo que vamos a dejar? Pues que pare de girar ¡que yo me bajo!

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