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Archive for 29 junio 2010

Cállate la boca

Llevamos años, miles de años, luchando por la igualdad tanto en este país como en el mundo. Por fin llegó un momento de inflexión donde las mujeres dieron el salto de la cocina al ámbito escolar y sanitario, primero sin cobrar, luego ganando mucho menos que los hombres, pero el salto ya estaba dado.

Ha llovido mucho. Muchísimo. Hoy en día las mujeres tienen pleno derecho a trabajar en cualquier ámbito laboral al que deseen aspirar, y en caso de rechazo o desigualdad, cuentan con el peso de la ley para defenderlas.

Añado esta introducción para hablar de un caso que está en boca de todos, Sara Carbonero.

Tras la primera derrota de España en el Mundial, la prensa británica publicaba (en portada) la siguiente afirmación: “La novia y reportera sexy de Iker Casillas desconcentra y provoca la derrota de España”. Si Franco levantara la cabeza, seguramente aplaudiría dicha sentencia.

Pero esto no ocurre solo fuera de nuestro país. En España, en casa, el Presidente de la Asociación de Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, no ha dudado en atacar duramente a la periodista ¿El motivo? Ni más ni menos que Sara es la culpable de la derrota del primer partido de España en el Mundial. Ella se defiende añadiendo que duda que ella tenga ese poder ante la selección.

Quizá Urbaneja debería recordar los principios del periodismo y cumplir con su deber como presidente, entre ellos defender a los periodistas ante los ataques e insultos, y recordar que cuando un profesional hace su trabajo, debe contar con el respaldo de la asociación de periodistas.

Ante esto me pregunto ¿qué pasaría si Sara Carbonero fuera más bajita, más fea y con bigote? La respuesta es fácil, aunque dura, no habría levantado ni una mirada, ni una crítica, ni una duda. Quizá la afirmación pueda parecer crítica, pero no dudo ni un solo instante que nos encontramos ante un ataque machista ¿Qué hubiera pasado si esta reportera fuera un reportero?

Todos los medios se han hecho eco de este hecho, y la propia Sara, por su parte, se dedica a callarse y trabajar, que es para lo que la han contratado.

Telecinco por su parte no duda en defender a la periodista que tanta audiencia está generando, afirmando que es la propia FIFA la que decide en qué lugar se colocan los periodistas en el campo.

Sara se mantiene en su sitio, correcta como siempre, elegante sin querer serlo. Pero nos encontramos ante una Sara humana, que siente y padece. Así pues, en el último partido de España la periodista acudió a pie de campo con una libreta donde se podía leer: “Cállate la boca” ¿Casualidad? ¿Defensa? Sea lo que fuera, desde aquí nos alegramos que la propia Sara, como mujer trabajadora, fuerte e independiente tome partido en esta guerra, desde las trincheras.

Resumiendo todas las ideas, nos encontramos ante unas críticas machistas hacia una mujer que lo único que está haciendo es trabajar, cumplir con su rol de periodista, y darnos un mundial mucho más sexy, sin olvidar su lado profesional, que sin duda lo tiene. Nadie le ha regalado nada, nadie hizo los exámenes por ella… Lo que realmente es una lástima es que en este tan buen Mundial que estamos viviendo, sea Sara la protagonista.

Así pues, Sara, nos unimos a tu himno:

¡Callaos la boca!

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“Ten cuidado”, “No bebas mucho”, “Vuelve con calma”, “No vayas solo por la calle”… Son posiblemente las frases que más me repite mi madre cuando me voy con los amigos por la noche ya sea a cenar, a tomar algo con los amigos, etc.

Y no es solo reflexión de una madre, para la mayoría de ellas el momento de mayor insomnio es cuando, ojo en vela, esperan impaciente la llegada del hijo o la hija de esa fiesta universitaria, o esa salida nocturna con amigos.

No llega, se habrá retrasado o se habrá parado con los amigos a desayunar”, es lo primero que se obliga a pensar mi madre cuando me retraso esa madrugada. Seguramente como todas.

Seguramente todas esas madres se quedaron esperando el sonido de la puerta, del móvil… pero lo que seguro no esperaban era esa llamada de la policía comunicando el horrible acontecimiento ocurrido en la estación de RENFE de Castelldefels.

Está estudiado, mil veces demostrado, no es una opinión personal (aunque la comparto), y es que la peor muerte, la más difícil de superar, y que más trauma deja en una persona, es la muerte de un hijo para una madre.

Hemos nacido y crecido, erróneamente, con la idea de que un hijo debe ver morir a un padre, que un padre debe ver morir a un abuelo, porque así es la naturaleza… cuando dejamos aparte otros sucesos tales como accidentes de tráfico, violencia, drogas, enfermedades, que no entienden de sexo ni de edad.

Posiblemente todas esas madres (y padres) deberán tener una atención psicológica de por vida, así como los supervivientes a dicho accidente. Pero no debemos olvidar, desde luego, al que posiblemente tenga menos culpa que nadie, el conductor del tren. No quiero ni imaginarme cual será la imagen que lo acompañará cada noche antes de dormir, si es que todavía puede. Desde aquí, también mi solidaridad con él.

Ahora los medios se hacen eco con la finalidad de encontrar un culpable ¿Poca seguridad? ¿Iba el tren demasiado rápido? ¿Fueron insensatos los jóvenes?

Y no, yo no quiero entrar en eso en este blog. Quiero recordar que por encima de los culpables, por encima de la carga política, están esos amigos, esos padres, esos supervivientes, ese conductor… que se quedará con ese peso toda su vida.

Desde aquí un abrazo afectuoso a todas aquellas personas que hayan sentido esa pérdida, que hayan sufrido esa pérdida, para todos.

Un abrazo, Castelldefels.

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Hace ya muchos años que quedó demostrado que aquello que nos diferencia de los animales es la razón y la capacidad de lenguaje. Anteriormente también se creía que la manipulación de objetos y la capacidad de construcción era otra característica propiamente humana, hasta que simios y primates nos dieron una lección de humildad (e inteligencia) cuando, tras un estudio con dichos animales, demostraron su capacidad de construir desde casas, a hamacas y diferentes utensilios para hacerse la vida más fácil y placentera.

Así pues, es la razón y el lenguaje lo que nos hace seres superiores, dignos sucesores de los dioses, y controladores (y manipuladores) de todo lo que nos rodea.

Si es así, aquí un servidor se para a pensar… ¿qué es lo que estamos haciendo mal? Nos matamos entre nosotros, a los de dentro y a los de fuera, destruimos para construir objetos que, curiosamente, sirven para destruir, destrozamos sin piedad el medio ambiente (ya nos pasará factura, ya). Si somos los dueños de este planeta, algo estamos haciendo mal…

Según estudios derivados por diferentes biólogos, el tiburón, gran y temido depredador, una vez tiene crías se las come en caso de no encontrar comida para subsistir. No sólo esto, si no que además son capaces de abandonar a sus crías si no hay suficiente alimento en el entorno, para así garantizar su propia supervivencia.
Ante esto, tras una búsqueda que desgraciadamente se realiza rápidamente, encuentro en 10 minutos más de 50 noticias de padres que matan a sus hijos recién nacidos alegando que su situación económica no le permitía sacar adelante a dicho bebé.

En las manadas de leones es el león quien se encarga de dormir bajo la Sabana, mientras las leonas deben encargarse del cuidado de los cachorros, y proveerles de alimentos para garantizar su alimentación y crecimiento. No sólo esto, sino que además el león puede tener relaciones con diferentes hembras de la misma manada, mientras que las leonas viven bajo la sumisión del macho.

Hoy en día, nos encontramos aún bajo la sombra del “hombre de la casa”. Muchas mujeres, la mayoría aún, son las encargadas de la casa, de la alimentación, de la sanidad de los pequeños, y del cuidado y limpieza del hogar. Mientras que, generalmente, es el hombre quien, una vez tiene descendencia, se encarga de ir a trabajar fuera. Si esto fuera poco, actualmente las infidelidades se producen por una mayoría de hombres contra una minoría de mujeres, exactamente el 73% de hombres, frente al 27% de mujeres.

En según que especie de simios y primates, el macho de la familia obtiene entre sus gratos beneficios el poder sobre la hembra. Muchas veces, si ésta no cede a sus exigencias, muchas de ellas sexuales, el macho opta por un rol agresivo, haciendo que, a través de la fuerza y el maltrato, la hembra ceda a sus peticiones.

No hace falta decir que hoy en día seguimos siendo, como país, víctimas de la agresión sexista del hombre hacia la mujer, y viceversa. Los datos hablan. Y aterran.
Así podría seguir llenando párrafos y más párrafos sobre la supuesta diferencia entre hombre y animal.

Quizá no estamos tan diferenciados de ellos, quizá sabemos usar la lógica, hallar las consecuencias de un hecho repetido con anterioridad, podemos hablar, usar la tecnología, ingeniería, y derivados… pero el fondo, la base, sigue siendo exactamente la misma.

Quizá no somos la especie superior que creemos ser. Quizá estamos aquí para que el resto de seres vivos puedan ver qué pasa cuando le das un palacio de cristal a una especie con armas como manos, y violencia como patrón.

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La mochila de la vida

Quizá alguno de vosotros ya conoce esta teoría inventada entre amigos, entre café y café, entre cigarro y cigarro…

Y que mejor manera de explicarla que de la mejor manera en la que se deben explicar las cosas, en forma de cuento. Está inventado por mi, así que espero que os guste.

Había una vez, hace mucho tiempo, un joven que inició sus estudios para llegar a ser un gran sabio. Sabio de las cosas, de las esencias, de los conocimientos terrenales, y de los que van más allá de un cuerpo o una piedra.
La prueba parecía sencilla, pero requería de un gran esfuerzo y concentración. Debía recorrer un gran camino, una gran montaña, y nadar un gran río para llegar por fin al lugar donde el Gran Sabio lo esperaría y le daría la respuesta a todos los misterios de la vida.

Durante el camino, debía recoger todas aquellas cosas que marcaban su trayecto, cosas que para él fueran importantes, partiendo desde el inicio con la ayuda de un mapa, y una cantimplora llena de agua.

El viajero y futuro sabio no podía evitar pararse a ver todo aquello que le rodeaba. Grandes árboles llenos de jugosas frutas, las especies animales más raras y bonitas que nunca había visto, arco iris, lagunas, ninfas, duendes… De todo aquello quiso guardar un grato recuerdo, así que no lo dudó y llenó su maleta de esas cosas. Antes, eso si, se aseguró de dejar un compartimento para víveres y comida. Guardó hojas, arena pisada por un unicornio, conchas, ramas, piedras extrañas, hasta que se encontró con un pequeño duende.

–         Quiero llevarte conmigo – dijo el futuro sabio.

–         Ni lo pienses, no pienso hacer todo el recorrido contigo, soy más pequeño, y me fatigo rápidamente – protestó el pequeño duende.

–         ¡No hay problema! Me queda espacio en mi mochila, puedo llevarte dentro.

–         ¿Seguro? No quiero ser molestia… – dijo el duende con una pequeña sonrisa.

–         ¡Seguro! – afirmó el caminante imaginando ya la cara de sorpresa que pondría el Gran Sabio al verlo.

Así pues, ambos marcharon por el largo camino.

Pasaron días y más días, y por fin, a la salida del frondoso bosque, el caminante pudo divisar la cima del Gran Sabio.

Una vez llegó, el Gran Sabio, después de felicitarlo por tal esfuerzo, le dijo:

–         Has llegado hasta aquí, pero necesito que me digas qué cosas has seleccionado para la mochila de tu vida.

–         ¡No te lo vas a creer! Conseguí arena pisada por un unicornio, conseguí las alas de una pequeña hada, conseguí un par de las piedras más extrañas jamás vistas, y lo mejor… ¡conseguí un duende!

–         ¿¿Un duende?? – preguntó incrédulo el Gran Sabio.

–         ¡Así es! Compruébalo tú mismo…

Una vez abierta la mochila, podía verse que en el interior sólo había una piedra, una cantimplora vacía, y un pequeño agujero.

–         ¿Una piedra y una cantimplora vacía? ¿Eso es lo que llevas en tu mochila de vida? – preguntó incrédulo el Gran Sabio.

–         ¡No puede ser! Ese enano abrió la mochila, bebió mi agua, comió mi comida, cogió las alas de la hada y huyó.

–         La tierra debió haberse quedado por el camino… – dijo el Gran Sabio conteniendo una pequeña sonrisa.

–         ¡Pero no es justo! ¡He llegado hasta aquí! – dijo furioso el caminante

–         Aún así no lo has conseguido. No has entendido el gran misterio de la vida…

En esta vida solo llevamos una mochila para hacer el camino ¿El misterio? ¡Muy sencillo! Llenarlo de esas cosas que nos importan de verdad, que nos hagan crecer y que nos aporten algo. Si nos empeñamos en llevar cosas negativas dentro de la mochila, la vaciará, se lo llevará todo… y llegarás al final del trayecto sin nada.

El mensaje de este cuento está claro. Sólo disponemos de una oportunidad, no habrá otra vida que vivir, ni otro momento para hacerlo bien. Así que sigamos equivocándonos, aprendiendo, educándonos, disfrutando, corrigiendo, amando… pero hagámoslo con esas cosas (léase también personas) que nos ayuden a que la mochila pese menos, o al menos a que merezca la pena llevar ese peso.

No llenemos la mochila de piedras pesadas, de objetos inútiles, que nos hagan ir más lentos, más despacio, más arrepentidos, más tristes…

Quizá ha llegado el momento de parar, abrir la mochila, y mirar qué cosas queremos llevar, y qué cosas queremos dejar en el camino.

Quizá es duro hacerlo, y más duro llegar a la conclusión, pero veréis que bien luego, cuando la mochila pese menos, y el camino más divertido.

¡Feliz viaje!

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Las galletitas

A una estación de trenes llega una tarde una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación.

Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.

Por toda respuesta, el joven sonríe… y toma otra galletita.

La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.

Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. “No podrá ser tan caradura“, piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.

Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.

¡Gracias! – dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.

De nada – contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.

El tren llega.

Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: ” Insolente“.

Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas… ¡Intacto!

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La mirada del amor

El rey estaba enamorado de Sabrina: una mujer de baja condición a la que el rey había hecho su última esposa.

Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar que la madre de Sabina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina subió al carruaje y corrió junto a su madre.

A su regreso, el rey fue informado de la situación.

-¿No es maravillosa? -dijo- Esto es verdaderamente amor filial. ¡No le importó su vida para cuidar a su madre! ¡Es maravillosa!

Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo fruta, llegó el rey. La princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último durazno que quedaba en la canasta.

-¡Parecen ricos! -dijo el rey.

-Lo son – dijo la princesa – y alargando la mano le cedió a su amado el último durazno.

-¡Cuánto me ama! -comentó después el rey- Renunció a su propio placer, para darme el último durazno de la canasta ¿No es fantástica?

Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión desaparecieron del corazón del rey.

Sentado con su amigo más confidente, le decía:

-Nunca se portó como una reina…¿acaso no desafió mi poder usando mi carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida…

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