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Archive for 30 enero 2010

Podríamos definir educación como el proceso multidireccional mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar.

La educación forma parte de nosotros, aprendemos porque sí, por curiosidad, por motivación, por interés, por imitación (dejando a un lado la obligación). Desde pequeños aprendemos; aprendemos a meternos la mano en la boca, a coger objetos, a mamar del pecho de la madre, a gatear, a caer y levantarnos, a volver a levantarnos, a volver a caer, a caminar, a reflexionar…

Aprendemos el arte y la belleza de la literatura, las difíciles matemáticas, la enrevesada historia, las (con perdón) aburridas física y química…

Aprendemos. Aprendemos. Aprendemos. Pero ¿toda educación se basa simplemente en aprendizajes innatos y humanos, o educativos y formativos?

A veces se nos olvida que quizá no somos tan inteligentes como pensamos. Pues quizá las materias anteriormente citadas las dominamos bien, pero contamos con el gran hándicap de la educación y del hombre (Hombre como humano, no como masculinidad): los valores.

¿Aprendemos a perdonar? ¿Aprendemos a pedir perdón? ¿Aprendemos lealtad? ¿Aprendemos sinceridad? ¿Aprendemos tolerancia?

El ser humano se caracteriza por el concepto conocido como simplicidad. Aprendemos lo que no nos cuesta, lo que nos parece sencillo, seguro, no arriesgado. Al igual como el mono aprendió que por los árboles se movían con más rapidez, o el cocodrilo que en  las orillas se caza mejor ¿Tanto creemos diferenciarnos de los animales?

No creo ni apuesto por una educación impartida entre cuatro paredes en un centro educativo. Ni por una formación facilitada en una empresa a cal y canto.
Creo que la educación se vive. Se respira. Se crea. Se comparte. Se siente. Se implanta.

Os diré para mí lo que es educación de verdad.

Hará unos días llegué a casa sonriendo, contento, animado, y le expliqué a mi compañera de piso a qué se debía. Esa mañana salí a correr como de costumbre por el parque situado cerca de mi casa. Al llegar a una de las fuentes me detuve, y vi la escena de un niño con su madre. Éste lloraba. Ella le decía que no debía llorar porque no era un bebé (sólo le faltó decir “y los hombres no lloran”). El motivo: al niño se le había escapado un globo.

Lo que pasó y vi a continuación no fue por casualidad. Yo vi a ese hombre, y vi el objetivo que tenía, así que me paré a ver. Un hombre, totalmente desconocido para la madre y el niño-hombre que no llora, se acercó a ellos con un globo que acababa de comprar, y se lo entregó al niño. Éste lo cogió con sorpresa y alegría, y dejó de llorar al instante.

La mujer agradecida le dijo que no tenía por qué hacer  eso, y que cuánto le debía. El hombre dijo que nada, que era un regalo para el niño que se había quedado sin globo. Y se fue.

Ese sería un concepto muy cercano a mi idea de educación.

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Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación. acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha comenzado.

Democracia significa gobierno por los sin educación, y aristocracia significa gobierno por los mal educados.

Donde hay educación no hay distinción de clases.

Educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y que pocos tienen.

Educación es lo que sobrevive cuando se olvida lo que se ha aprendido.

El beso es un mordisco que aprendió educación.

El jabón y la educación no son tan efectivos como una masacre, pero son más letales a largo plazo.

El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano.

El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para se gobernados por los demás.

El principal objeto de la educación no es el de enseñarnos a ganar el pan, sino en capacitarnos para hacer agradable cada bocado.

El principio de la educación es predicar con el ejemplo.

El protocolo es la última barrera contra la mala educación.

El sabio uso del ocio es un producto de la civilización y de la educación.

En la educación de los niños es más conveniente decir no en voz baja que decir si gritando.

Esa suave educación que llamamos indulgencia, destruye todo el vigor del alma y del cuerpo.

La civilización es una carrera entre la educación y la catástrofe.

La educación actual hace a los hombres inútiles.

La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser.

La educación consiste en enseñar a los hombres no lo que deben pensar sino a pensar.

La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión.

La educación es a las personas como el perfume a las flores.

La educación es algo admirable, sin embargo, es bueno recordar, que nada que valga la pena se puede enseñar

La educación es algo admirable, sin embargo, es bueno recordar, que nada que valga la pena se puede enseñar.

La educación es algo que recibimos cuando nuestro padre nos manda a la universidad, pero no estará completa mientras no mandemos allí a nuestro propio hijo.

La educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de que la naturaleza es capaz.

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Un momento… para ti.

No suena el despertador. Llegamos tarde al trabajo. A la entrega de un proyecto. A la biblioteca. Reunión con el jefe. Empiezan los exámenes. El metro no llega. Hay mucho tráfico. Te molesta la música de la persona sentada a tu lado. Te empujan al salir. Llueve. Te has dejado las llaves. Tienes sueño. Estás enfadado. Y aún quedan días para el fin de semana. Sigues enfadado. Contestas mal. Nada tiene sentido. Todo te da igual.

Propongo parar. Deja de caminar. Relájate. Respira. Llegas a casa. Sigue mis indicaciones.

  1. Pon agua a hervir.
  2. Calienta tu tetera favorita.
  3. Añade una cucharada de té para cada persona.
  4. Vierte agua hirviendo y deja reposar durante diez minutos mientras haces una o más de las siguientes cosas: túmbate en el sofá como una babosa enorme. Abraza a alguien. Baila como bailabas cuando tenías cinco años. Descansa. Quítate los zapatos y mueve los dedos. Canta como Pavarotti. Menéate como Elvis. Zámpate un enorme trozo de pastel de chocolate. Llama a un amigo. Escucha. Recuerda la última vez que te reíste a carcajadas. Hazle cosquillas a alguien. Siéntate donde puedas sentir el sol en la cara. Sonríe. Mira por la ventana y bebe el mundo. Prepárate un baño caliente. Envuélvete en una manta. Piensa en alguien a quien ames. Enciende una vela. Quédate ahí. Se consciente. Sólo se.
  5. Revuelve y sirve.
  6. Disfruta

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El poder del mando

Nos encontramos en una situación difícil. Nos encontramos ante una caja tonta donde actualmente es difícil no encenderla y ver cuerpos sin vida en la calle, cuerpos de niños masacrados, o decenas de personas matando por llevarse algo a la boca, literalmente.

Atrás quedaron aquellos años donde quedarse horas sentado delante de la televisión era seguro, gratificante y educativo. Atrás quedaron aquellas lecciones de Epi y Blas, las conclusiones morales de un desnudo Espinete, o los consejos matutinos de una ahora mal lograda Leticia Sabater.

Miedo nos da ahora dejar a los más pequeños sentados delante de la televisión mientras toman su desayuno, o comen al llegar de la escuela. Normal se nos ha hecho ver en la televisión las peleas constantes de un engrandecido Jorge Javier Vázquez, una impuesta princesa del pueblo como Belén Esteban, o largos escarceos amorosos (con sexo explícito) de una Indhira.

La solución es fácil para algunos. Llenar foros y más foros criticando según que tipo de programas como Gran Hermano o Sálvame. Programas que, estamos deacuerdo, dejan mucho que desear desde el punto de vista educativo, y seguramente humano. Pero vayamos más allá ¿realmente la culpa es de ese tipo de programas, de ese tipo de personajes?

Largas entrevistas con padres llevo a mis espaldas, y una gran mayoría optan por la misma inclinación, “La televisión es mala para los más pequeños, no hay derecho, deberían prohibirlo“. Partiendo desde el punto que no creo que “prohibir” sea la solución, siempre les hago la misma pregunta “¿Y no tienen otra forma de pasar el tiempo que viendo la televisión?“. A lo que, extrañados, responden “¿Y qué otra cosa hay a esas horas?“.

Quizá es cierto que la televisión es el medio que más masas mueve. Si quieres convertir una mentira en verdad, que la pronuncien en ella. Si quieres lanzar a una actriz al estrellato, que la introduzcan en ella. Si quieres conseguir que tu producto sea el más vendido, que lo anuncien en ella. Pero ¿realmente tiene ese poder, o se lo estamos dando nosotros?

Mi solución es fácil y requiere únicamente de tres pasos: 1. Agarra el mando (tanto el físico como el mental), 2. Apaga la televisión. 3) Levántate del sofá.

Varios padres afirman: “Ya no puedes dejar a tu hijo sentado en la televisión tranquilo“. Miles de padres optan por estar ocupados y no poder disponer de tiempo libre para sus hijos, cuando en realidad, no necesitan tanto tiempo para enseñar unas pautas más divertidas para el ocio y el tiempo libre. El amor a la lectura. La creatividad para crear juegos imaginarios. Los grandes y olvidados juegos de mesa. La gran variedad de videojuegos educativos con los que contamos hoy en día…

Quizá no deberíamos situar en el objetivo de culpa a la televisión, y deberíamos mirarnos a nosotros mismos desde el punto de vista de la autocrítica. Quizá estamos poniendo en la televisión un papel educativo que no ha tenido, tiene, ni tendrá. Quizá deberíamos difundir un mejor ejemplo a nuestros hijos. Quizá hay algo que estamos haciendo mal…

Atrás quedaron aquellas horas de lectura en nuestra habitación antes de dormir. Atrás quedaron aquellos libros donde tú elegías qué camino escoger. Atrás quedaron aquellos juegos en la calle. Atrás quedó el correr detrás de una pelota. Atrás quedó el juego de picar a los timbres de otras casas y correr. Atrás quedó, en definitiva, nuestra creatividad para poder hacer de una hora de tiempo libre, un juego, una enseñanza, y una opción más educativa.

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