
Que la vida la creamos nosotros, y que nosotros somos dueños de nuestro propio camino, es algo tan y tan escuchado, que ya suena a excusa cuando un amigo nos llora, y no tenemos nada alentador que decir.
Pero piénsalo de la siguiente manera: ¿Estás soltero? ¿Estás casado? ¿Estás involucrado en una relación sana, estable, positiva y rica? ¿Estás, por el contrario, en una relación oscura, que te resta, que te disminuye la autoestima?
Pues bien, todo esto es culpa tuya.
Aunque no lo creamos, somos nosotros los que, a través de movimientos, mensajes y acciones de manera inconsciente, damos a los demás una imagen de lo que realmente queremos.
Pongamos la situación de una relación desequilibrada. Él, duro, celoso, protector, mandón… Ella, frágil, sumisa, débil, víctima…
Probablemente, estos papeles ambos, de manera inconsciente, se los repartieron en los primeros días o minutos del flechazo, luego los hicieron suyos, los aceptaron, y encontraron en ese rol un tira y afloja, una zona cómoda de la que ya no quieren salir.
Y el problema es que, una vez esta relación se acabe, ella tenderá a buscar ese rol dominante, para poder ejercer el papel que a ella la estimula y ayuda, el de víctima.
Él, en cambio, buscará mujeres débiles, sumisas, para así potenciar su parte dura y fuerte de la relación. Llevar el mando.
Estos mensajes son tan invisibles, inconscientes, y absurdos, que se nos pasan por alto.
Retomando el caso que tomábamos anteriormente, imaginemos a este Romeo y Julieta en una de sus primeras citas.
Él le pregunta:
- ¿Qué quieres tomar?
Ella, tímida y servicial, responderá:
- Me da igual, elige tú.
Estos mensajes que a simple vista marcan inocencia y pasividad, están marcando un rol en la relación. Tanto es así, que está demostrado que, al cabo de poco tiempo, si la pauta se repite, él acabará por, directamente, pedir lo que ella quiere beber o comer sin consultar.
Poco a poco, recordemos siempre de manera inconsciente, estos papeles o roles marcaran el ritmo de la relación, y cuando ella intente salir del molde, o él intente no sentir lástima por ella, aparecerán los conflictos, las discrepancias.
- Es que es un jodido machista, no me respeta, si fuera por él estaría todo el día en casa metida – se quejará ella ante sus amigos.
- Es que es una provocadora, va de niña buena, y a la mínima me está llevando la contraria o pasándose de lista, sólo para provocar – dirá él haciendo lo mismo.
Se reconciliaran, por supuesto que se reconciliaran, y tanto será el perdón, pasión y amor que sentirán el uno por el otro, que ambos volverán a coger ese rol que los enamoró (o eso creen) en un principio. Ella será toda sonrisa, sumisión y disponibilidad. Él será todo fuerza, garra y virilidad.
¿La responsable de la infelicidad de ella? Ella. Que no es capaz de buscar ese fino hilo llamado coherencia entre lo que necesita ella como persona, y lo que quiere ella como mujer.
¿El responsable de la infelicidad de él? Él. Que tampoco encuentra ese hilo de coherencia entre sus ganas de ser mimado y respetado, y su necesidad de ser el rey de la selva.
Muchos estaréis leyendo esto con la ceja levantada, así que especialmente a vosotros, os voy a pedir el siguiente ejercicio: Pensad en la última vez que estuvisteis en una relación de este tipo. No tienen por qué ser exactamente estos roles, pero sí necesito que sea una relación negativa, que reste.
Ahora pensad en qué rol teníais vosotros, qué parte de responsabilidad (no me gusta el término “culpa”) teníais vosotros de la dirección que tomo su comportamiento hacia vosotros. Buscad esos mensajes, acciones, actitudes que, de manera inconsciente en su momento, proyectabais a la otra persona ¿Me creéis ahora?
Nosotros decidimos el tipo de rol que queremos en una relación. Pero claro, siempre es más fácil decir:”Me trata mal”, a decir: “Me estoy tratando mal”.
Lo mismo ocurre con esa parte de la sociedad, cada más numerosa; los solteros.
Muchas veces éste mismo grupo se queja de la parte negativa de la soltería (recordemos que tanto estar soltero, como felizmente casado, tiene sus pros y sus contras), no encuentran una pareja, acaban agotados de citas tras citas con sapos o ranas…
Pero ¿qué ocurre entonces cuando aparece esa persona especial? Todos son risas, alegrías, buenos momentos, complicidad, hasta que… esa persona tan especial te deja porque no sabe cómo llevar una relación contigo.
Dicho de otra manera, no entiende tus mensajes contradictorios. Estás tan acostumbrado a tu papel de soltero, de independencia, de entrar y salir, que es exactamente eso lo que proyectas, dices, y haces.
Él (o ella) te ofrece un plan romántico, entonces tú niegas el plan, y desapareces tres días para marcar tu territorio.
Él (o ella) te llama más de dos veces el mismo día. A la tercera llamada ya respondes agobiado, altivo, indiferente… marcando tu territorio.
Exactamente ocurre con esas parejas que se han encontrado, que funcionan, que van realmente bien y todo es perfecto.
¿Es realmente así de perfecto?
siento tener que ganarme antipatías a través de mi respuesta, pero no, no es así de perfecto.
La respuesta, desgraciadamente, viene explicada por un aspecto antropológico, y no hollywoodiense.
El ser humano es un animal social, es decir, inconscientemente siempre buscará a su pareja, aunque sea temporalmente. Se divertirá mucho con sus amigos, con su núcleo, con su manada… pero siempre estará buscando la aceptación de un compañero o compañera de vida.
¿Qué ocurre entonces?
Lo que ocurre es que hay personas que nacen con ese instinto más desarrollados que otras, debido a un componente tanto ambiental como genético. Son personas que anhelan más esa pareja, la necesitan más, se sienten más vacíos sin ellas. Con la misma normalidad con la que otro puede tener más adicción al chocolate, al sexo o a las drogas, viene marcado.
Entonces este miembro de la manada se encuentra con otro exactamente igual, con las mismas carencias y necesidades. Y ya tienen lo más difícil conseguido.
Una parte dará mensajes de necesidad, de atracción, pero el otro no sentirá agobio ni rechazo, ya que estará reflejando exactamente los mismos patrones.
Si metemos todo en el mismo saco, nos encontramos con la sociedad actual. Gente que no se encuentra, que se agobia, que es herida, que hiere, que miente, que es mentida, que traiciona o son traicionadas.
Así que mi conclusión, retomando la idea principal del texto, es exactamente esta: recordad que vosotros elegís qué tipo de relación tenéis, y, lo más importante, qué tipo de rol desarrolláis en vuestros círculos afectivos y sociales.
Si te están haciendo daño, te están hiriendo, o simplemente estás en una relación o círculo en el que no quieres estar porque ya no te hace feliz, deja de tirar balones fuera, mira hacia dentro, piensa y observa qué mensajes estás reflejando para que la otra persona reaccione así. Y cámbialos.
Olvídate de si es fácil o difícil, y piensa que es necesario.
¿Nunca has dado un portazo? Igual es hora de hacerlo.
Felicidades por el post! La mayor parte de lo que nos pasa no deja de ser nuestra responsabilidad, pero también eso nos brinda la oportunidad para cambiarlo.
no se como lo haces tio, texto tuyo que leo, texto que deseo que no acabe para seguir leyendo.
¿Para cuando una version impresa de El Hueco Educativo?
Guapo por fuera y por dentro. Gracias.
Hace tiempo me plantee precisamente esto mismo…mi rol;no era en una relacion de pareja sino en el de mi grupo de monitores.al princupio se repartieron las cartas y yo me qude con la dl inexperto,pequeño,joven… Hasta que años dspues fui consciente d ello y vi que yo habia cambiado pero seguia conservando ese rol a ojos del resto del grupo.eso me impedia crecer dentro del grupo y no djaron que m desarrollara y que vieran mas de mi, dejarme ser quien era,cambiar mi rol.cuano tienes un lastre que te limita…sueltalo d tus tobillos.me marche del grupo y pude,con otra gente,desarrollar esa parte que en otro lugar no m dejaron ser.puedes cambiar de cartas,puedes cambiar tu rol.puedes ser tu mismo y tomar las riendas.tanti baci
Fiori..me ha gustado muchísimo tu comentario. A mí hace unos años me pasó algo parecido y actué de una forma idéntica a ti. Rehíce mis amistades e incluso en el grupo al que pertenezco ahora siento que mis opiniones son importantes y que se tienen en cuenta.
Quizá hay momentos en los que es positivo, volver a empezar con otras personas que sean capaz de valorar nuestro potencial.