
Te preguntarás porqué te escribo esta carta, si aún no nos conocemos, si aún no nos hemos visto, ni siquiera nos hemos mirado a los ojos por primera vez…
Verás, vida, no he sido ni soy la mujer más inteligente del mundo, y, desde luego, tampoco la más guapa. Lo tengo claro, de hecho él se molestaba en recordármelo cada día.
Tu mamá, como todo el mundo, ha cometido muchos errores en su vida, ha tomado malas decisiones. Pero quiero dejarte claro que desde luego tú no has sido una de ellas.
Cuando yo era pequeña, nací ya con la mala suerte pegada a mi espalda. Mi padre, borracho compulsivo, era un hombre que nunca nos había querido. Mi madre, pobrecita ella, jamás miraba a los ojos cuando hablaba, sólo para decirle “lo siento” a ese hombre con aliento de fuego.
Como entenderás cuando seas mayor, con esos patrones en mi vida no tardé en fijarme en hombres rudos, de poca higiene y peor educación. Necesitaba sentirme incomprendida, para después sentirme amada. Un bucle que, desde luego, me hacía ser más injusta conmigo misma, además de más gilipollas.
A los dieciséis años entendí de una manera poco sana, que lo normal era discutir con la persona que amabas, era algo normal, las faltas de respeto, los empujones, los platos rotos, las uñas rotas, el alma en el suelo… así que, cuando perdí la virginidad por primera vez, no me sorprendí cuando aquel hombre, del cual sólo recuerdo su aliento a tabaco, se levantó, me apartó bruscamente, y se fue sin despedir. Yo quedé sola y borracha. Desnuda y herida.
Mis historias con los hombres fueron siguiendo un patrón calcado al que tenía en casa. Dejé los estudios, y empecé a trabajar en una tienda. Me pagaban poco, pero yo no estaba tanto tiempo en casa, escuchando los pesados lamentos de mi madre, y los gruñidos continuos de mi padre.
Así fue como conocí a tu padre, al cual nunca conocerás.
Nos enamoramos enseguida, mentiría diciendo que fue romántico y bonito, no creo en esas cosas, la vida me ha hecho ser más práctica y sencilla.
Tuve que dejar el trabajo, y cambié mis botas y mi falda por un delantal y un cigarro.
Bebía, cómo no, bebía demasiado. Levantaba y bajaba la copa con la misma velocidad e indiferencia con la que levantaba y bajaba la mano.
Desaparecía durante días, y volvía tiempo después desorientado, deshidratado y enfadado. Me pegó no sé cuantas enfermedades de transmisión sexual, de hecho, me pego tantas cosas, que los golpes físicos eran lo de menos.
Perdí contacto con mi familia. Me consta que mi padre murió de un ataque al corazón, y que mi madre se abandonó en los brazos de la depresión. No me da pena, seguro que esa depresión la trata mejor que ese hombre que está donde se merece.
“Soy una mujer maltratada” fueron las palabras que más daño me han hecho en mi vida. Recuerdo la primera vez que lo dije, frente al espejo.
Todo ocurrió muy rápido. Él llegó a casa, y no lo vi venir.
Se acercó a mí y me agarró por el pelo. Todo ocurrió en el sofá. Tiempo después, cuando descubrí que estaba embarazada, supe que no volvería a ver a ese hombre en mi vida. Y así fue.
Me dijo que me abandonaba, no me dolió. Lo único que me hizo daño fue ver cómo todo eso ocurría mientras él no dejaba de sonreír. Me dijo que seguramente ni él sería el padre, y que dudaba que yo supiera quién me había dejado embarazada.
Él se fue con una sonrisa en la cara, pero ¿sabes qué? Yo me quedé con otra sonrisa.
Este embarazo no fue fruto del amor, puedes estar seguro, pero debes saber que yo si te estoy teniendo con amor, un amor que nunca he sentido, ni por mí misma.
Debes entender lo importante que es el respeto, y debes saber que el respeto hacia los demás empieza por el respeto a uno mismo. Tienes que rodearte de personas que te quieran y respeten, porque si no lo haces, creerás que lo normal es eso, sentirte una mierda, invisible, despreciado, anulado… y una vez creas que eso es lo normal, no hay salida.
Quiero que vayas al colegio, que te interesen las cosas, que seas un hombre de verdad, que respetes a las mujeres tanto como me respetarás a mí.
Lo más importante que debes aprender de la vida, es que tienes opción de elegir. Puedes elegir qué quieres hacer, quién quieres ser, de quién te quieres rodear, así que espero ayudarte y enseñarte a elegir bien. Somos reflejo de todas las personas que nos rodean, por eso es tan importante rodearte de gente buena.
Yo soy libre, pero no lo elegí yo, no puedo engañarme. Soy libre porque me abandonaron, si dependiera de mí, seguiría atada a ese saco de alcohol y mierda.
No quiero que te pase lo mismo, quiero que te crees una personalidad fuerte, una cabeza capaz de alejar el dolor de tu vida, capaz de decir “No” cuando notes que estás pasando por alto tus ideales y creencias.
No soy religiosa, pero respetaré que tú lo seas.
No soy tolerante, pero respetaré que te gusten los hombres o las mujeres, los negros o los amarillos.
Sólo quiero quererte, tal y como seas.
A veces me preocupa el pensar que puedes sacar su tendencia al alcohol y a la promiscuidad, pero espero ser más fuerte de lo que fui con él, y alejarte de esas carreteras que llevan a un callejón sin salida.
Ahora soy consciente de cómo todo aquello que ocurre en casa, es un claro ejemplo de lo que un niño buscará en su futura vida. Así lo hice yo, así lo hizo tu padre, y espero cambiar todo eso para que crezcas en un hogar sano, estable, y lleno de amor y comprensión.
La vida te dará golpes, y no podré evitarlo. Algunas cosas se tienen que aprender de la manera más difícil. Pero créeme que todo tiene su lección, su aprendizaje, su lectura…
Perdona, no seas rencoroso como tu madre. A veces las personas lo hacen lo mejor que pueden, y a veces nos encontramos en situaciones personales en las que esa manera de hacer las cosas es negativa. Perdónanos.
Perdónate. No seas muy duro contigo mismo. Aprende a ver la vida como lo que es, un viaje, una excursión. Así que no pierdas tiempo de tu camino en juzgarte, imponerte, criticarte… cometerás errores como todo el mundo. Simplemente aprende, y camina.
Enamórate, porque es la mejor manera de vivir, enamorado. Pero busca un amor sano, puro, olvídate del amor de las películas que seguro verás, y céntrate en buscar lo que tú necesitas, lo que a ti te hace feliz.
“Lo que a ti te hace feliz”, recuérdalo siempre, y sé lo bastante hombre como para terminar una relación que te hace daño. Sé lo bastante respetuoso como para terminar una relación cuando ya no sientas ese amor y cariño hacia esa persona.
Ten amigos. Es mucho más importante que tener una pareja. Tu pareja se irá, o se quedará, pero si creas un grupo de amigos de verdad, siempre estarán.
Escucha las críticas. Escucha lo que tus amigos dicen de ti, y entiende que te lo dicen por tu bien.
Vive, no pierdas ni un segundo de tu vida en vivir rodeado de cadenas, temores, miedos, personas o hechos del pasado.
Todo tiene su tiempo y su momento. Si algo se termina, déjalo libre, avanza.
Sé feliz, es lo único que espero de ti.
Recuerda que tu madre nunca lo ha sido, y que ahora, gracias a ti, empiezo a serlo. Recuerda siempre, que por mucho que me enfade o te grite, te amo con locura.
Te quiere y te espera,
Tu mamá.
Ojalá mi madre me lo hubiera explicado así…. CariLo…
Muy emotivo. Me ha llegado, de verdad. Todos cometemos errores, lo mejor es aprender de ellos, no martirizarse por el camino realizado y mirar hacía delante con la lección aprendida.
no es el mejor dia de mi vida , pero te aseguro que leer tu blog me hace mucho bien , me siento identifacada al 100% de la historia que has escrito asi que te digo , nunca nos dejes sin , mio o nuestro, hueco educativo , adelante y sigue asi , a mi personalmente me ayudas mucho con tus escritos , GRACIAS y hasta la proxima .
Preciosa, una carta que creo que todo el mundo deberia de leer, ya que engloba tantas verdades, de hecho..deberiammos darla a todo el mundo como guia importante para andar por la vida…o mejor no, no lo sé…
La volveré a leer y a releer porque ayuda a ponerte sobre la tierra.Gracias por queres compartir este escrito.
Emocionante, querido…